Qué bello es vivir

 

 

En el año 1946 el a mi juicio genial director Frank Capra rodó la película “Qué bello es vivir”, un entrañable film que desata múltiples emociones en el espectador y que se erige sin ningún lugar a dudas como uno de los clásicos por antonomasia del cine norteamericano, de obligada visión para cualquier cinéfilo, y en general para cualquiera persona que aprecie el buen cine. Es una película tierna y conmovedora que hace indudable honor a su título, y que inspira la esperanza en la vida, la confianza en los demás y la sensación de que esta Tierra no tiene por qué ser un valle de lágrimas sino un paraíso si adoptamos la actitud adecuada, así como otros sentimientos subsidiarios de los anteriores, como el espíritu navideño, y el encanto de la ternura. “Qué bello es vivir” es una las películas más vistas en las Navidades de todo el Siglo XX, y como ya están próximas estas fiestas decidí volver a ponerla de nuevo, disfrutándola todavía más que la primera vez que la había visto.

Los protagonistas de “Qué bello es vivir” son un joven James Stewart y una igualmente joven y superiormente hermosa Donna Read. Stewart desarrolla en la película un personaje llamado George Bailey, un ejemplo de bondad en su ciudad, que es amado por todos en igual medida, y Donna Read el papel primero de amiga y después de mujer del mismo.

A grandes rasgos, el argumento consiste en que George dirige una compañía de empréstitos desde el fallecimiento de su padre, en un gesto de verdadera abnegación, pues él siempre deseó viajar y hacerse un hombre de provecho, ambiciones que debe dejar muy a su pesar, ya que sus intereses personales entran en conflicto con su bondad y buenos sentimientos hacia los demás, puesto que si él no toma las riendas de la compañía un avaro y manipulador empresario acabará con la misma y se convertirá en el dueño y señor de la ciudad.

 

 

La situación se complica cuando un socio de George pierde una gran cantidad de dinero, lo cual sume a Bailey en una gran desesperación. Decide quitarse la vida, pero en el justo momento en el que iba a hacerlo entra en escena un Ángel de Segunda Clase -un ángel que todavía no se ha ganado las alas-, y al que el Señor le ha confiado la misión de salvar a George.  El Ángel de Segunda Clase le hace ver al protagonista lo que sería de la ciudad si él no hubiera nacido, y entonces, en el clímax de la película, …. (no cuento más)…

 

 

Tal vez haya cierta influencia del libro “un cuento de Navidad” de Charles Dickens en el guión de este film, pero en cualquier caso es indudable que conmueve en gran medida -al menos en mí sí ha tenido siempre ese efecto-. Este producto de Capra, director también de otros films de temática e intenciones similares, como por ejemplo “Juan Nadie” (con un treintañero Gary Cooper), o también “Caballero sin espada” (protagonizada por el mismo James Stewart); es el cine que necesitaba ver la gente en aquella época, una época de desconfianza y pesimismo, marcada por la muy reciente Gran Depresión y por el fantasma de la Segunda Guerra Mundial que aún rodaba sobre la cabeza de muchos, pero yo en realidad creo que “Qué bello es vivir” es atemporal y tiene reflejo en el mundo de hoy y en el del mañana; son necesarias la esperanza y la confianza en nosotros mismos, en los demás, en la vida misma, así como el amor y la entrega, para afrontar la existencia con garantías de alcanzar la felicidad, que es para lo que estamos aquí.

 

  

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