Archivo para 20 febrero 2010

Me gustas cuando callas – ( Pablo Neruda )

 
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Pablo Neruda.

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Las máquinas aventadoras de cereal

  

 

Las aventadoras son unas máquinas agrícolas, cuyo objeto es el de, como la palabra indica, “aventar” el cereal, esto es, agitarlo y soplarlo con aire, para quitarle todas los posibles añadidos indeseados al mismo, tales como piedrecillas, trozos de paja, polvo, semillas de gramíneas y otras malas hierbas, y en general cualquier suerte de partículas con las que esté mezclado el cereal.

 

 

Las máquinas aventadoras fueron muy populares hace 50 años, cuando el trigo se separaba de la paja mediante máquinas desgranadoras tiradas por motores estacionarios -tales como los que yo he colocado en algunas entradas de mecánica-, y era necesario darle una o dos pasadas al cereal para quitarle toda la suciedad. Hoy en día esta tarea de separar el grano de la paja la realizan las modernas máquinas cosechadoras, especialmente preparadas para sacar un gran rendimiento en términos de superficie segada o grano recolectado por unidad de tiempo, y de gran eficacia sobre todo en grandes áreas de cultivo, y que van también dotadas de una pequeña aventadora dentro de su maquinaria, con lo cual el grano queda razonablemente limpio, dependiendo de la máquina y del maquinista.

 

 

Una de las principales empresas que durante el transcurso del siglo XX se dedicó a construir aventadoras fue la casa “Ajuria”, radicada en Vitoria. Ya hace mucho tiempo que echó el cierre, ante la llegada de la modernidad, y en general desconozco que existan empresas dedicadas hoy en día a hacer aventadoras. No obstante, la necesidad sigue ahí vigente, puesto que existen muchos agricultores que deciden sembrar cereales en sus terrenos de cultivo, con lo que nunca está de más el darle una o dos pasadas una vez recolectado el grano por la aventadora. Y es ahí donde entra mi padre, un hombre jubilado que mata su tiempo buscando antiguas máquinas para después entretenerse restaurándolas.

 

 

Mi padre pone las máquinas en buenas condiciones, prepara y sanea la madera, las pinta, e incluso les coloca un motor eléctrico, adaptado en revoluciones, pues originariamente la tracción era manual y ocasionaba un gran cansancio el tirar de la manivela durante la jornada de limpieza del cereal.

 

 

El funcionamiento de la aventadora es bien sencillo: el cereal se coloca en una arqueta situada en la parte superior, y este va bajando a través de una ranura por su propio peso y el movimiento de la máquina, hacia un conjunto de cribas que se hallan unas por encima de otras a distintos niveles y que se mueven hacia un lado y hacia el otro gracias al vaivén de una biela que convierte el movimiento rotatorio de la polea en movimiento lineal, el cual a su vez es convertido en movimiento de izquierda a derecha y de derecha a izquierda de las cribas. Al mismo tiempo, el motor mueve unas aspas en el interior de un bombo, cuya mision es la de generar una fuerte corriente de aire, a modo de ventilador, que es pasada al través del agitado cereal, con lo cual toda la suciedad del mismo es expulsada de él.

   

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