Archivo de 4 enero 2019

El altar de Tesla

N.Tesla

¿Por qué las personas extraordinarias suelen conocer bien las situaciones al límite? Normalmente estas personas fracasan en algunos de sus aspectos vitales. Ya sea que tienen una salud precaria, que pasan temporadas sin trabajo, que son escasamente valorados en algunos círculos, que son objeto de envidia muchas veces, que en algunos casos les hacen la vida imposible, que en algún momento los ningunean, que muchas veces no conocen un trabajo bien remunerado, que socialmente son algo outsiders, e incluso que sufren en el amor, dependiendo ésto de cada caso…

Desgraciadamente, la balanza no es favorable para este tipo de personas, y dudo que les compense el hecho de ser tan exitosos en ese aspecto concreto por el que destacan. En cualquier caso, cada uno es como lo da Dios, y poco pueden cambiar de su vida por ser como son.

Un ejemplo de ésto que comento aquí es Nikola Tesla. No voy a reproducir aquí la biografía detallada de este gran hombre, excéntrico pero único. Para tal tarea existe la Wikipedia, o cualquier enciclopedia de las de antes en papel. Sólo me serviré de unos cuantos datos para mi comentario.

Nikola vivió una vida poco agradecida. Según sus biógrafos, padecía el trastorno obsesivo compulsivo, era sinestésico, y probablemente con síndrome de caballero andante. Tesla tuvo que luchar contra sus demonios y los de los demás. Los suyos, sus problemas mentales, en una época en la que la farmacología no estaba lo suficientemente perfeccionada. Los de los demás, encarnados en la feroz competencia con Thomas Alva Edison, sobre todo en la época de la guerra de las corrientes.

Esta guerra se desencadenó después del desencuentro de Tesla con Edison. Al parecer Edison le prometió a Tesla un mejor salario en un planteamiento a objetivos. Nikola cumplió su parte del compromiso, pero Edison, de manera abyecta, le negó dicho aumento, argumentando que se trataba de una broma. A Tesla ésto no le gustó nada, y decidió trabajar por su cuenta. Para ello vendió algunas de sus patentes a la empresa Westinghouse, y regaló otras a JPMorgan. Y patentó muchas ideas propias: el uso y transporte polifásico de corriente alterna, el motor eléctrico de alterna (sin uso de escobillas y por tanto carente de rozamiento en el rotor), o el transformador, aunque también se le atribuye parte de la paternidad de la transmisión de las ondas de radio, cuando todavía se empleaban los cohesores como detectores de la señal.
Básicamente el enfrentamiento tuvo lugar ante el empeño de Edison de usar corriente continua, que sólo ofrecía un radio de acción a cada central de 800 metros.

Tesla fue mucho más perspicaz y apostaba por la corriente alterna, que no generaba ninguna dependencia de este estilo entre la ubicación de los receptores de la corriente y la central eléctrica, con la limitación de que es preciso, como bien es sabido, elevar la tensión para minimizar las pérdidas debida al calentamiento por efecto Joule de los cables conductores.

En este contexto, las maniobras de intento de derribo de Edison consistieron en una agresiva campaña de publicidad en la que se hacían pruebas de electrocución de perros, otros animales domésticos, y hasta de un hombre convicto. Uno de los empleados de Edison fue el creador de la silla eléctrica, empleando la corriente alterna de alta tensión como medio. Pero no deja de ser algo relativamente arbitrario, dado que una corriente continua de 0.707 veces el valor de pico de otra alterna, libera la misma potencia y energía que aquélla, y sabiendo que en general es más dañina una corriente continua para el organismo humano que una corriente alterna.

Lo curioso del caso es que, a pesar del ensañamiento de Edison con Tesla, fueron los métodos de este último los que a la postre resultarían triunfantes, aunque no redundando por ello en beneficios tangibles para él. Más específicamente, Tesla era una persona práctica, pero para según qué cosas, no particularmente para las finanzas. Algunas de sus patentes fueron vendidas a Westinghouse, que vio como su imperio de la corriente alterna no paraba de crecer. Otras fueron regaladas. Nikola vivía solo. Nunca se casó. Se encerró en sí mismo y en sus manías y obsesiones, aliviadas por su afición por las palomas. Murió solo, casi olvidado, como paradigma del científico loco, sin un centavo, en la habitación 3327 del hotel Waldorf-Astoria (Nueva York), el 7 de enero de 1943. Un ser desgraciado en lo personal, pero que se alzó a la postre como el único vencedor de la guerra de las corrientes, y sin cuyas invenciones el mundo no se parecería en nada al de hoy en día. Por éstas y otras razones es un personaje tan popular en los tiempos que corren.