Archive for the ‘ Otrospoetas ’ Category

Feliz Año 2012

 

 

Comienza un nuevo año, con todo lo que ello conlleva: proyectos que planeamos desde la más absoluta de las incertidumbres, promesas y deseos invocados a la Providencia desde lo puramente oculto e íntimo de nuestro ser, que son partícipes de esperanzas e ilusiones renovadas… Pero en fin, no hace falta complicarse para vivir, simplemente basta con dejar que el tiempo fluya en su inasible devenir, en los algo más de tres centenares de días que irán girando unos detrás de otros; a veces con parsimonia, otras veces inyectados de pasión y emoción auténticas. En algunos de ellos sería mejor no levantarse de la cama, otros representarán un triunfo absoluto, pero la única receta válida para no fracasar o no sentirse defraudado es simplemente dejarse llevar por las mareas del tiempo, que sea la eterna espontaneidad de la Naturaleza y de la vida cuyas crines son asidas por el jinete de nuestro libre albedrío, las que nos guíen en este viaje transoceánico a cuyo comienzo nos hallamos soltando amarras. Este pensamiento evoca en mí los versos del sabio persa Omar Khayyán, astrónomo, matemático y poeta que vivió entre los siglos XI y XII, instaurador junto a otros científicos de la corte del nuevo calendario musulmán, que escribió varios tratados de geometría y álgebra siendo uno de los matemáticos más importantes de su momento, siguiendo la corriente de Al-Khwarizmi, y cuyo poema Rubaiyyat es su obra literaria más conocida. En este poemario Khayyán trata precisamente el tema de la naturaleza y la posición que el hombre ocupa en ella, así como el goce del momento presente. Os deseo lo mejor para este año 2012 que aún es niño de pecho, al ritmo palpitante de estos versos de Khayyán cuyo eco aún resuena sobrecogedoramente entre nosotros diez siglos después de su concepción. Feliz Año 2012 a todos.

 

Pero el dedo implacable

sigue y sigue escribiendo.

Seducirlo no podrás

con tu piedad y tu ingenio

 para lo escrito tachar

o con tus lágrimas borrar

ni una coma ni un acento.

 

Rubaiyyat,  Omar Khayyám

 

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Te querremos siempre, Miguel

 

 

 

En esta vorágine en la que vivimos son las personas más buenas las que más sufren. Sucedió y sucederá siempre. ¿Cómo es que son ellas las receptoras de las injurias, el desprecio, las más crueles bajezas y abyecciones si no se meten con nadie, sino todo al contrario?. Nació en Orihuela en el año 1910 un pastor de cabras de humildad y nobleza extraterrestres, y con el corazón de oro macizo, una persona que no será jamás olvidada, que además de su excelencia como ser humano poseía también un talento titánico. El poeta más digno de cariño de todos los que han nacido en España. No me estoy refiriendo aquí a sus cualidades líricas sino al hecho de que nuestro Miguel Hernández, además de ser un genio literario, fue un verdadero modelo de personalidad según el cual deberían ser cincelados todos los humanos. Yo no he conocido a Miguel Hernández, me pilla un poco lejos en el tiempo. Pero he leído su poesía y sus biografías, y reconozco que me emociono hasta el punto de soltar alguna que otra lagrimita cuando me asomo a su literatura y cuando pienso sobre los padecimientos y las amarguras de los que fue víctima.

 

Miguel Hernández, literariamente ubicable a caballo entre las generaciones del 27 y del 36, vivió su primera juventud en Orihuela, su pueblo natal. Su padre era un tratante de ganado y Miguel ayudaba  a la familia pastoreando un rebaño de cabras, ordeñándolas y vendiendo la leche por el pueblo. Fue la época de sus primeras lecturas, siempre libros prestados o tomados de la biblioteca, y de la germinación de su vocación literaria. También fue la época de sus primeros amigos, con los que se reunía en una panadería para hablar de literatura y otras inquietudes culturales, entre ellos Ramón Sijé –a cuya muerte escribió el magnífico monumento de su elegía, considerado por los críticos literarios como uno de los mejores poemas que existen en lengua castellana, y que ya copié en su día en esta web-. Con sus primeros poemas y su primer viaje a Madrid no consiguió la notoriedad pero sí la toma del pulso poético que se respiraba por aquel entonces en la capital. Dado que no consiguió un trabajo del que vivir, tuvo que volver a Orihuela. Pero siguió escribiendo, y cómo. Volvió a Madrid con más fortuna una segunda ocasión, logrando un empleo como redactor de una enciclopedia taurina, que le permitió al menos dedicarse a su vocación. En la España literaria de entonces fue recibido de dispares maneras. En Pablo Neruda, cónsul de Chile en España a la sazón, encontró un verdadero amigo. Pablo, otra figura universal de las letras, siempre quiso mucho a Miguel. Otro tanto ocurrió con Vicente Aleixandre. A este último le pidió en una ocasión si le regalaba un ejemplar de su último libro, porque no tenía dinero para comprárselo. No tenía un duro, pero Miguel era bueno, extraordinariamente bueno. El encumbrado Lorca, sin embargo, que ya era un escritor consagrado, miraba a Miguel por encima del hombro. Un poeta pastor de cabras, ¿de dónde habrá salido éste?. A pesar de este engreímiento, resultado de la vanidad y el ego desmedido, Miguel Hernández nunca quiso mal a Lorca, como prueba el emotivo poema que le dedicó tras su muerte. Otro tanto ocurrió con Ramón Sijé. Sijé fue una persona muy influyente en la poesía hernandiana de su primera etapa. De hecho los primeros poemas de Miguel son de tipo religioso, y fueron publicados muchos de ellos en una revista literaria que dirigía su amigo Ramón. Pero cuando Miguel Hernández vino a Madrid y conoció de primera mano la realidad del mundo, el sexo, y las ideas y poesía de Pablo Neruda, de Aleixandre, y de otros escritores, se dio cuenta que él no era un poeta religioso, sino que su verdadera identidad era la del poeta comprometido que canta a la naturaleza en su magnificencia y a las cosas sencillas y buenas, tal y como era su personalidad. Con este grado de autoconocimiento, escribió una poesía lírica deslumbrante, que no deja indiferente a nadie y que en mí siempre ha tenido el efecto de revolverme por dentro y emocionarme de verdad. Tal vez Miguel Hernández no sea según la opinión de los expertos el mejor poeta que ha dado España, aunque sabido es que esto es muy subjetivo y opinable, para mí es indiscutiblemente uno de los más grandes, tenía el don de comunicar sentimiento más desarrollado que muchos otros, y sobre todo es el poeta al que más cariño le tengo.

 

Pero la desgracia vino toda junta. Estalló la guerra civil en España. Miguel, de ideas republicanas, se alistó en el ejército y combatió como los demás. La tensión a la que se vio sometido le provocó una anemia mental, de la que se repuso. Se casó con Josefina Manresa, su novia de aquel entonces. Su primer hijo murió a los pocos meses de nacer. Y para cuando tuvo el segundo, no pudo disfrutar de él, puesto que en el momento en que las huestes republicanas huían en desbandada, ya al término de la guerra, tratando de entrar en Portugal, fue hecho preso. El resto de su vida fue un continuo ir y venir por diferentes cárceles. En una ocasión se libró del yugo del presidio, pero ya en Orihuela, fue traicionado y llevado de nuevo a la prisión. Intercedió Pablo Neruda para conmutarle la pena de muerte. Pero aunque se vio liberado del verdugo, fue esta vez la propia Naturaleza, la que tanto y tanto había alabado con su magnífica poesía, la que le dio el hachazo homicida. Contrajo el tifus, que se complicó en la forma de tuberculosis. Murió a los 31 años de edad, en la cárcel donde estaba recluido. Existe un mito en torno a la muerte del poeta. No se sabe a ciencia cierta si fue algo que realmente sucedió o si sólo es el producto del fervor y la admiración de alguien que le quería, bien podría ser cualquiera de las dos cosas, pero a Miguel Hernández hay quien le ha atribuido un precioso pareado, donde supuestamente se despide moribundo de todo lo bello que hay en el mundo y donde canta a la fraternidad entre los hombres:

 

“¡ Adiós, hermanos, camaradas, amigos:

    despedidme del sol y de los trigos !”.

 

El año pasado se han cumplido los 100 años del nacimiento de Miguel Hernández. Quiero contribuir a que su impronta perdure por siempre. Un hombre extraordinario como él fue no puede quedar en el olvido. Seguramente San Pedro y San Pablo, los porteros del Paraíso, han contratado conexión de banda ancha, y de este modo Internet es una buena herramienta para lograr que el poeta pastor de Orihuela, que ahora está en el Cielo, se alegre y viva la felicidad que no pudo disfrutar aquí, que sonría al ver que le seguimos recordando con todo el cariño que él supo transmitir como nadie.

 

Copio a continuación como sentido homenaje una elegía escrita tras la muerte de Ramón Sijé, y dedicada a la panadera Josefina Fenoll, la novia de éste.

 

ELEGÍA

 

Tengo ya el alma ronca y tengo ronco

el gemido de música traidora…

Arrímate a llorar conmigo a un tronco:

retírate conmigo al campo y llora

a la sangrienta sombra de un granado

desgarrado de amor como tú ahora.

Caen desde un cielo gris desconsolado,

caen ángeles cernidos para el trigo

sobre el invierno gris desocupado.

Arrímate, retírate conmigo:

vamos a celebrar nuestros dolores

junto al árbol del campo que te digo.

Panadera de espigas y de flores,

panadera lilial de piel de era,

panadera de panes y de amores.

No tienes ya en el mundo quien te quiera,

y ya tus desventuras y las mías

no tienen compañero, compañera.

Tórtola compañera de sus días,

que le dabas tus dedos cereales

y en su voz tu silencio entretenías.

Buscando abejas va por los panales

el silencio que ha muerto de repente

en su lengua de abejas torrenciales.

No esperes ver tu párpado caliente

ni tu cara dulcísima y morena

bajo los dos solsticios de su frente.

El moribundo rostro de tu pena

se hiela y desendulza grado a grado

sin su labor de sol y de colmena.

Como una buena fiebre iba a tu lado,

como un rayo dispuesto a ser herida,

como un lirio de olor precipitado.

Y sólo queda ya de tanta vida

un cadáver de cera desmayada

y un silencio de abeja detenida.

¿Dónde tienes en esto la mirada

si no es descarriada por el suelo,

si no es por la mejilla trastornada?

Novia sin novio, novia sin consuelo,

te advierto entre barrancos y huracanes

tan extensa y tan sola como el cielo.

Corazón de relámpago y afanes,

paginaba los libros de tus rosas,

apacentaba el hato de tus panes.

Ibas a ser la flor de las esposas,

y a pasos de relámpago tu esposo

se te va de las manos harinosas.

Échale, harina, un toro clamoroso

negro hasta cierto punto a tu menudo

vellón de lana blanca y silencioso.

A echar copos de harina yo te ayudo

y a sufrir por lo bajo, compañera,

viuda de cuerpo y de alma yo viudo.

La inaplacable muerte nos espera

como un agua incesante y malparida

a la vuelta de cada vidriera.

¡ Cuántos amargos tragos es la vida !

bebió él la muerte y tú la saboreas

y yo no saboreo otra bebida.

Retírate conmigo hasta que veas

con nuestro llanto dar las piedras grama,

abandonando el pan que pastoreas.

Levántate: te esperan tus zapatos

junto a los suyos muertos en tu cama,

y la lluviosa pena en sus retratos

desde cuyos presidios te reclama.

 

Miguel Hernández

 

Poema Nº 20 de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (Pablo Neruda), como recuerdo a Gene Tierney

 

  

 

  

Gene Tierney fue una actriz de cine norteamericana, muy famosa en la década de los años 40. Participó en algunas películas destacables como “Laura”, “Que el cielo la juzgue”, o “El fantasma y la señora Muir”, y tras un cierto éxito arrastró una mala racha que la llevó por diferentes centros médicos en busca de la cura de sus problemas mentales, y en general una vida desdichada y atormentada, que terminó a causa de un enfisema pulmonar motivado por el exceso de tabaco. De Gene he visto recientemente la película “Laura”, un ejemplo de cine noir que deja gratamente satisfecho al espectador, el cual puede verla en este film en su estado puro y admirar la que según mi juicio es la mayor belleza que ha dado el cine de todos los tiempos.

  

Dedico el siguiente poema, escrito por Pablo Neruda en su poemario “20 poemas de amor y una canción desesperada”, en concreto el poema número 20, a la memoria de esta bellísima actriz, que tuvo la desdicha de pasar una vida muy infeliz y que a pesar de no ser tan popular como otras actrices -por ejemplo Ingrid Bergman, o Ava Gardner- me ha impresionado en sus interpretaciones, en su candidez y en su hermosura. Algún día escribiré un artículo más extenso describiendo su biografía y obra.

 

Poema Número 20 de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”

Lo dedico a la memoria de la actriz Gene Tierney

 

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: ” La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. 

El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 

Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como pasto el rocío. 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo. 

 

Pablo Neruda

  

El club de los poetas muertos

 

  

Hace un par de semanas he visto de nuevo uno de los clásicos de las últimas décadas, que constituyó en su momento todo un fenómeno sociológico. Se trata del film “El club de los poetas muertos”, dirigida por Peter Weir en 1989, a partir de un guión de Tom Schulman, y protagonizada por un magnífico Robin Williams.

A estas alturas sería redundante explicar pormenorizadamente el argumento, por ser archiconocido, pero algo debo contar, porque sino esta entrada quedaría incompleta. Como es de casi todos sabido, la película trata sobre los innovadores métodos didácticos que emplea un profesor de literatura no sólo para enseñarles esta materia a sus alumnos sino además para hacerles ver por sus propios ojos que estamos en esta vida de paso, durará más bien poco, y por lo tanto debemos afrontarla con una actitud de aprovechar cada instante en la medida que nos sea posible, pues ese instante será irrepetible, así como de buscarnos a nosotros mismos, interrogarnos y averiguar qué es lo que realmente nos hace vibrar de emoción, para procurar que ésta sea nuestra ocupación, afición o trabajo. Se trata de toda una filosofía existencial comprimida en 128 minutos de película, y que se resume en la frase latina “Carpe diem” (cosecha del día), atribuida a Horacio, poeta de la antigua Roma.

A lo largo del film aparecen diversos poemas, que o bien son citados por el innovador profesor de la Academia Walton -John Keating-, algunos del gran poeta americano autor de “Hojas de Hierba” Walt Whitman, como el fragmento de uno de sus poemas, que a continuación copio :

 

¡Oh mi yo!

¡Oh vida de sus preguntas que vuelven

del desfile interminable de los desleales,

de las ciudades llenas de necios!

¿Que de bueno hay en estas cosas,

oh mi yo, mi vida?

 

…otros recitados por los propios alumnos, en particular hay un poema cuyo autor desconozco que me parece una obra maestra, y que es improvisado por uno de los alumnos :

 

Un loco de dientes sudorosos.

Cierro los ojos

y su imagen flota junto a mí.

Un loco de dientes sudorosos

con una mirada que martillea mi cerebro.

Sus manos se extienden y me alcanzan

y refunfuña todo el tiempo.

El dice la verdad.

La verdad es como una manta

que siempre te deja los pies fríos.

La estiras, la extiendes

y nunca es suficiente.

La sacudes, le das patadas,

pero no llega a cubrirnos.

Y desde que llegamos, llorando,

hasta que nos vamos, muriendo,

sólo nos cubre la cara

mientras gemimos, lloramos y gritamos.

 

Hay además otra poesía en la película, que sintetiza y describe a la perfección su contenido, el breve poema “Para que las vírgenes aprovechen el tiempo” :

 

«Para que las vírgenes aprovechen el tiempo»

 

Coged las rosas mientras podáis.

Veloz el tiempo vuela.

La misma flor que hoy admiráis

mañana estará muerta.

 

Y finalmente también dejo aquí el texto de un poema del Diario de Reuniones que emplean los alumnos en sus reuniones en la vieja cueva, y que pertenece al poeta postromántico inglés Alfred Lord Tennyson :

 

Venid amigos.

No es tarde

para buscar un mundo muevo,

pues sueño con navegar

más allá del crepúsculo

y, aunque ya no tengamos

la fuerza que antaño

movió cielos y tierra,

somos lo que somos:

un mismo temple

de corazones eróticos

debilitados por el tiempo, pero

voluntariosos para luchar,

buscar y encontrar

y no rendirse.

  

Aquí queda esto, no podía dejar pasar la oportunidad que me brinda esta web para mostrar estas magníficas muestras de ese bello arte que es la poesía, y que nos aproxima a los que la gozamos a la misma esencia de la vida.

  

Amigo Félix, te recordamos

  

  

Este pasado 14 de marzo se han cumplido los 30 años de la muerte por accidente de aviación, en Alaska, del gran naturalista, divulgador científico, conferenciante, escritor, y médico estomatólogo (faceta que desempeñó de manera previa a su verdadera vocación), Félix Rodríguez de la Fuente. Hasta el propio Google se hizo eco de dicha conmemoración, dado que este prohombre llegó a ser muy conocido allende nuestras fronteras, sobre todo por la archiconocida serie documental “El hombre y la tierra”, que se emitió en muchos países y que tuvo un grandísimo éxito de acogida por las masas, como todo lo que Félix hizo en vida.

Es indudable que a estas alturas ya poco puede quedar qué decir de Félix. Su trágica muerte contribuyó a mitificar aún más si cabe el que ya era de por sí un fenómeno de popularidad y de excelencia en el terreno del estudio y divulgación de la naturaleza, con mayor mérito si cabe si tenemos en cuenta que sus estudios y conocimiento de la biología fueron adquiridos y puestos en práctica de manera autodidacta.

Félix fue una persona que vivió cada segundo con verdadera pasión y entusiasmo, y poseía tal elocuencia que sabía transmitir y contagiar esa pasión a cada persona que le oía. Incluso llegó a ser propuesto como miembro de la Real Academia de la Lengua, dado su excelente manejo de la palabra y del acento prosódico. Todavía recuerdo lo que yo disfrutaba con escasos cinco años aquellos documentales tan bonitos en los que se veía a los pájaros dando de comer a las crías o a los ratones de campo royendo el grano. Puedo asegurar que soy de la generación que nació con “El hombre y la tierra”, y que tantas vocaciones naturalistas ha engendrado en los niños de entonces, que ahora pasamos de los treinta. Recuerdo la nube que me cubrió cuando supe que él no volvería a hacer más programas, que había muerto de accidente, a pesar de que por aquel entonces todavía no había meditado demasiado acerca de la muerte.

De él nos han quedado sus obras, que abarcan varias series documentales, programas de radio y de televisión, artículos en periódicos y revistas, las enciclopedias de la Fauna Ibérica y europea y de la Fauna Mundial y una lista que se extiende casi indefinidamente, aunque también es incalculable el legado biológico que nos ha dejado, pues muy probablemente algunas especies ibéricas como el lobo o el oso pardo estén en deuda y hayan sobrevivido gracias a su labor ecologista, así como el Parque Nacional de Doñana. La trascendencia de Félix Rodríguez de la Fuente en el ámbito de la conservación de la naturaleza ha sido muy grande, y tampoco podemos olvidar la práctica y reinstauración que desarrolló de las técnicas medievales de cetrería, perdidas y olvidadas en la noche de los tiempos, así como sus estudios etológicos enfocados primordialmente en las costumbres del lobo ibérico. Parte del mérito de Félix reside en que se supo rodear de personas extraordinarias como él, no fue sólo su pasión la que gestó tanta grande obra, los naturalistas, filmadores, y ayudantes que le acompañaron tienen buena parte del mérito y sería injusto otorgárselo sólo a él. Pero la opinión que le merece Félix a todas las personas que lo siguieron y siguen es la de un hombre íntegro y un ejemplo claro de bonhomía, cuyo éxito contribuyó a muchas malsanas envidias pero en la mayoría de los casos una admiración sin precedentes.

Hace 30 años quedamos huérfanos de una figura clave en la concienzación ecologista, un narrador sin par, una persona a la que todos nos gustaría conocer personalmente y en la que todos vimos un verdadero amigo. No puede haber maldad en alguien que disfruta observando a los animales en su hábitat y preocupándose de conservar las especies para no pasar a la historia de los animales erradicados y de que las generaciones venideras sigan disfrutando de ellas. Es un acto de suma bondad, algo que todos deberíamos admirar e imitar.

Fueron muchos los homenajes que recibió tras su muerte, se levantaron estatuas, se nombraron calles y plazas con su nombre, … , y yo no quería dejar pasar este instante sin otorgarle mi más sentido, humilde, y personal homenaje también, a mi manera. Aquí dejo una adaptación del precioso y emotivo poema “Funeral blues”, del autor Wystan Hug Auden, que es recitado en la película “Cuatro bodas y un funeral”, y que he reajustado un poco para esta ocasión.

Amigo Félix, te recordamos.

 

Adaptación del poema “Funeral Blues” de W. H. Auden, 

a la memoria de Félix Rodríguez de la Fuente.

 

Parad todos los relojes, cortad los teléfonos,
impedid, con un jugoso hueso, que el perro ladre,
callad los pianos y, con un apagado tamborileo,
mostrad el ataúd, dejad que las plañideras se acerquen.

Que los aviones hagan círculos, gimoteando, sobre nosotros,
garabateando por el cielo el mensaje: Él ha muerto,
poned crespones en los cuellos blancos de las palomas,
dejad que los guardias de tráfico porten guantes de algodón negros.

El bien fue su Norte, su Sur, su Este y su Oeste,
su semana de trabajo y su descanso dominical,
su amanecer, su medianoche, su voz, su canción;
yo pensaba que su luz duraría siempre: no estaba equivocado.

No se desean ahora estrellas: apagadlas una a una;
olvidaos de la luna y desmantelad el sol;
lejos verted el océano y barred el bosque.
Pues ahora de ninguna manera pueden traer nada bueno.

 

Me gustas cuando callas – ( Pablo Neruda )

 
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Pablo Neruda.

La decisión de Sophie

  

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El fin de semana pasado he visto la película “la decisión de Sophie”, dirigida por Alan J. Pakula en el año 1982. El film trata la historia de una inmigrante polaca de los Estados Unidos, que rehace allí su vida tras un desdichado pasado que la llevó a un campo de concentración nazi, donde fue forzada a decidir entre dejar sobrevivir a su hijo o a su hija. Pero parece que el infortunio pende sobre su cabeza, pues ahora, ya fuera de peligro, se ve abocada a tomar una nueva y drástica decisión, o bien seguir su vida con un inteligente hombre que sufre esquizofrenia paranoide, o bien con un joven escritor (no daré más pistas acerca de la trama, a mí no me gusta que me cuenten las películas, prefiero verlas y tomar mis conclusiones por mí mismo). La interpretación del personaje de Sophie corre a cargo de la actriz Meryl Streep, que le valió un premio Óscar a la mejor actriz, aunque si soy sincero a mí todavía me ha sobrecogido más el papel de esquizofrénico, el actor borda el papel.

“La decisión de Sophie” y un artículo que leí en un periódico me han servido para descubrir una encantadora poetisa americana llamada Emily Dickinson, la cual está considerada -por muchos estudiosos – junto con Walt Whitman, Ralph Waldo Emerson, y Edgar Allan Poe, como el grupo fundacional de la poesía americana moderna. Emily Dickinson tuvo una vida muy interesante. Prefirió mantenerse en el más estricto anonimato, publicando menos de una decena de poemas en vida. Los aproximadamente 1000 poemas de su autoría fueron publicados de manera póstuma. En vida, Emily prefirió retirarse a vivir con los suyos apartándose del mundanal ruido, lo cual me parece una decisión fantástica, pues la pantomima de la fama debe ser algo muy agobiante.

Como muestra de la poesía de la dulce Emily incluyo aquí el poema que es recitado en la película de la que aquí hablo.

 

 

Amplio haced este lecho.
Preparad este lecho con espanto
y en él esperaréis hasta que llegue el día de El Juicio,
bueno y claro.

Recto colchón ponedle,
que redonda la almohada sea
y que el ruido amarillo del sol naciente nunca,
nunca turbe esta tierra.

 

Emily Dickinson