Archivo de la categoría ‘ Poesía ’

Rubaiyat. Cuarteta VII.

Nuestro tesoro es el vino y nuestro
palacio la taberna.

La sed y la embriaguez son nuestros
fieles compañeros.

Ignoramos el miedo porque sabemos
que nuestras almas, nuestros corazones,
nuestros cálices y nuestras
vestes manchadas, nada tienen que
temer del polvo, del agua ni del
fuego.

 

 

Omar Khayyam

Rubaiyat. Cuarteta VI.

 

De cuando en cuando los hombres

leen el Corán, el libro por

excelencia.

 

¿Pero quién es el que a diario se

deleita con su lectura?

 

En el borde de todos los cálices

colmados de vino, triunfa, cincelada,

una secreta verdad que debemos

saborear.

 

Omar Khayyam.

Rubaiyat. Cuarteta V.

 

Puesto que ignoras lo que te reserva
el mañana esfuérzate por ser feliz.
Toma un cántaro de vino, siéntate
a la luz de la luna y bebe
pensando en que mañana quizá la
luna te busque inútilmente.

 

Omar Khayyam

Rubaiyat. Cuarteta IV.

 

Procede en forma tal que tu prójimo
no se sienta humillado con tu
sabiduría.
Domínate, domínate.
Jamás te abandones a la ira.
Si quieres conquistar la paz
definitiva sonríe al destino que se
ensaña contigo y nunca te ensañes
con nadie.

Omar Khayyam

Rubaiyat. Cuarteta III.

 

Sé compasivo con los bebedores.
No olvides que tú tienes otros defectos.
Si quieres alcanzar la paz y la
serenidad piensa en los
desheredados de la vida y en los
pobres que viven en el infortunio.

 

Entonces serás feliz.

 

Omar Khayyam

Rubaiyat. Cuarteta II.

 

¿Qué vale más?
¿Examinar nuestra conciencia
sentados en una taberna o
prosternarnos en una mezquita
con el alma ausente?

 

No me preocupa saber si tenemos
un Dios ni el destino que me
reserva.

 

Omar Khayyam.

 

Rubaiyat. Cuarteta I.

Todos saben que jamás murmuré
una oración.

Todos saben también que jamás traté
de disimular mis defectos.

Ignoro si existen una Justicia y una
Misericordia.

Si las hay estoy en paz, porque
siempre fui sincero.

Omar Khayyan

Ser o no ser

 

¡Ser, o no ser, he ahí el dilema!
¿Qué es mejor para el alma noble,
sufrir insultos de la fortuna impía,
golpes, dardos, o levantarse en armas
contra el océano del mal,
y oponerse a él y que así cesen?

Morir, morir, no despertar más nunca,
poder decir todo acabó; en un sueño
sepultar para siempre los dolores
del corazón, los mil y mil quebrantos
que heredó nuestra carne, y decir:
ven consumación, yo te deseo.¡Quién no ansiara
concluir así! Morir…quedar dormidos…

Dormir…¡tal vez soñar!…¡Ay! Allí hay algo
que detiene al mejor. Cuando del mundo
no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la muerte!
He ahí la razón por la que tan longeva
llega a ser la desgracia.

¿Pues quién podrá soportar los azotes y las burlas del mundo,
la injusticia del tirano, la afrenta del soberbio,
la angustia del amor despreciado, la espera del juicio,
la arrogancia del poderoso, y la humillación
que la virtud recibe de quien es indigno,
cuando uno mismo tiene a su alcance el descanso
en el filo desnudo del puñal?¿Quién puede soportar
tanto?¿Gemir tanto?¿Llevar de la vida una carga
tan pesada? Nadie, si no fuera por ese algo tras la muerte
-ese país por descubrir, de cuyos confines
ningún viajero retorna- que confunde la voluntad
haciéndonos pacientes ante el infortunio
antes que volar hacia un mal desconocido.

La muerte, aquel país que todavía
está por descubrirse,
país de cuya lóbrega frontera
ningún viajero regresó, perturba
la voluntad, y a todos nos decide
a soportar los males que sabemos
más bien que ir a buscar lo que ignoramos.

Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos
haces unos cobardes, y la ardiente
resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
Así también enérgicas empresas,
de trascendencia inmensa, a esa mirada
torcieron rumbos, y sin acción murieron.

 

 

William Shakespeare, Hammlet.

No niño novo do vento (Pomba dourada)

 

No niño novo do vento
hai unha pomba dourada.
Meu amigo!
Quen poidera namorála!

Canta ao luar e ao mencer
en frauta de verde olivo,
quen poidera namorála!
Meu amigo!

Tén áers de frol recente,
cousas de recén casada,
quen poidera namorála!
Meu amigo!

Tamén tén sombra de sombra,
e andar primeiro de río.
Quen poidera namorála!
Meu amigo!

 

Álvaro Cunqueiro, Cantiga nova que se chama Ribeira.

Lela

 
Están as nubes chorando
por un amor que morreu.
Están as rúas molladas
de tanto como choveu.
 
Lela, Lela,
Leliña por quen eu morro,
quero mirarme
nas meniñas dos teus ollos.
 
Non me deixes
e ten compasión de min.
Sen ti non podo,
sen ti non podo vivir.
 
Dáme alento das túas palabras,
dáme celme do teu corazón,
dáme lume das túas miradas,
dáme vida co teu dulce amor.
 
Lela, Lela,
Leliña por quen eu morro,
quero mirarme
nas meniñas dos teus ollos.
 
Non me deixes
e ten compasión de min.
Sen ti non podo,
sen ti non podo vivir.
 
 
A. Daniel Rodríguez Castelao, Os vellos non deben namorarse.