Sir Tim O´Theo

 

 

El trazo maestro del barcelonés Joan Rafart, más conocido como Raf, complementado con los hilarantes guiones de Andreu Martín, quien posteriormente ha trabajado también como novelista, con la ayuda de algunos otros colaboradores a partir de 1974, entre los que se podría citar a Tom y Tha; dieron vida entre el número 23 de la revista Mortadelo (1971), el número 7 de Súper Pulgarcito (1971) y el Mortadelo Extra de Verano del mismo año a los cómics de Sir Tim O’Theo. Esta serie de historietas gozó de gran popularidad desde su creación, hasta la disolución de la editorial Bruguera, y fue bautizada en alusión al personaje principal, Sir Timoteo Archibaldo O’Theo; aristócrata británico retirado de carácter arrogante, y que ocupa su tiempo con la investigación de cualquier suceso misterioso que suceda en Bellotha Village, lugar en el que vive. Acompañado por su inseparable mayordomo Patrick Patson, con el que mantiene una relación de amistad que se remonta a los tiempos coloniales, y con quien convive en la mansión señorial Las Chimeneas, dedica sus días a su afición de detective, para disgusto del sargento Blops, que es la autoridad policial del lugar. Blops es un personaje de escasa capacidad, que en la compañía de su ayudante el agente Pitts, tolera de mala gana las actividades de Sir Tim. El resto de personajes secundarios es muy variopinto y en conjunto se establece una representación de la población de lugareños de lo que podría ser una localidad rural británica, en la cual no falta el Burgomaestre (el alcalde); el dueño del pub the Crazy Bird, llamado Huggins; y la potentada viuda Lady Margaret Filstrup; así como otros imprescindibles representantes de la clasista Gran Bretaña, como Foody, un criador de cerdos; Mac Rhácano, dueño de una tienda de empeños; Red Mendón, el zapatero; el doctor Pottingham; los villanos a los que se enfrenta sin mucho éxito Sir Tim –Blackiss Black y Jo Robber-; y donde no falta incluso la presencia de dos espectros, más concretamente el fantasma Mac Latha, aficionado a tocar la cornamusa, que se deja ver a menudo por Las Chimeneas; y el espectro del mayordomo Perkins, que prestó sus servicios en vida a la viuda Filstrup.

El grupo de Rafart se inspiró, como no podía ser de otra manera, en las conocidas sagas detectivescas ambientadas en la campiña inglesa; y así se puede vislumbrar en las historietas de Sir Tim O´Theo la influencia de los relatos de Conan Doyle (Sherlock Holmes), lo que se pone de manifiesto a menudo en las viñetas cuando Sir Tim pronuncia las palabras “Elemental, querido Patson”, así como de las novelas de Agatha Christie y de G.K. Chesterton, cuyo protagonista era el padre Brown. Y en esencia, lo que los autores consiguen es una recreación bastante detallista y acabada, aderezada con un sarcasmo manifiesto, de la sociedad británica, bajo la forma de parodia gráfica, que consigue gracias a los soberbios guiones de Andreu Martín verdaderos clímax humorísticos, por lo extravagante de las situaciones que se van sucediendo.

A pesar de que la mayoría de las aventuras de los dos protagonistas de la serie suceden en Bellotha Village, los autores de estos cómics los llevaron además por diferentes viajes a lo ancho del mundo, así existen historietas que se desarrollan en países como la India, Holanda, España, o incluso alguna vez en el Mar Caribe. En conjunto, la creación de Raf y Martín se desarrolla en seis aventuras largas, que fueron publicadas de forma fragmentada, aunque la gran mayoría de los cientos de historias ocupaban entre 2 y 7 páginas, apareciendo impresas en las revistas más populares de la Editorial Bruguera (Súper Mortadelo, Bruguelandia, Mortadelo Gigante, Súper Zipi y Zape, etcétera…).

Del principal artífice de Sir Tim O’Theo, el dibujante Joan Rafart, se pueden decir bastantes cosas; por ejemplo, que al igual que les sucedió a otros dibujantes consolidados, tuvo una vida laboral previa, como empleado en una oficina, que cambió a los 26 años por su pasión y buenas dotes para el dibujo. Comenzó su evolución como historietista en la serie de cómics de aventuras “El zorro”, aunque a partir de 1955 se centró en el género humorístico, para el solaz de los múltiples seguidores que tuvo en la segunda mitad del siglo XX. Para la Editorial Bruguera produjo series como El capitán Aparejo, zoquete como un cangrejo, o Doña Lío Portapartes, señora con malas artes. También colaboró en el género del cómic infantil con la agencia británica Bardon Art, y con la revista chilena Pingüino. En 1966 fue solicitado por Bruguera, para su retorno a la editorial que lo había visto nacer como dibujante, siendo a partir de entonces el creador de diversas series que tuvieron notable éxito, entre las cuales la que tal vez haya sido la más destacada es la que protagoniza esta entrada, Sir Tim O´Theo, en la que trabajó de forma exclusiva desde 1976, no sin dejar de prestar su colaboración a revistas como Historias de la Puta Mili o El Jueves, y a algunas producciones de animación (D’Artacan). El también barcelonés Andreu Martín, por su parte, fue guionista en la Editorial Bruguera entre 1969 y 1974, destacando por su versatilidad a la hora de la guionización de géneros muy dispares, que mantuvo posteriormente en su labor como escritor, faceta en la que sus principales aportaciones se centraron en la novela negra.

Las tiras expuestas en esta entrada se corresponden, respectivamente, a dos de las más conocidas historietas de Sir Tim O´Theo; más concretamente “La verruga de Sivah” (arriba), y “El sarcófago de Thuru-rut” (abajo).

 

 

Georg Cantor, los cardinales transfinitos y la hipótesis del continuo

 

 

El matemático alemán Georg Cantor, nacido en San Petersburgo en 1845, y fallecido en Halle en 1918, fue el artífice de la moderna concepción matemática de infinito, así como el creador junto con Dedekind y Fregue de la teoría de conjuntos, que se erige como el esqueleto en el que se apoyan las actuales teorías del análisis matemático. Sus trabajos sobre el infinito no fueron muy populares en la época en la que vivió, en parte quizás porque Cantor tuvo la desgracia de padecer el trastorno bipolar, también conocido como trastorno maníaco-depresivo, que lo forzó a tener que recluirse en el sanatorio universitario de Halle en numerosas ocasiones, sobre todo a comienzos del siglo XX, y este factor contribuyó a que muchos matemáticos como Leopold Kronecker o Karl Weirstrass –que paradójicamente fueron sus profesores cuando él era estudiante universitario- desdeñaran los trabajos de Cantor por considerarlos como un producto de su patología; pero hubo alguien que por su peso acreditado en las matemáticas de aquella época, que a la sazón formaba junto con David Hilbert la luminaria en la creatividad lógica del momento, más concretamente el matemático francés Henri Poincaré, salió en la defensa de los trabajos de Cantor, argumentando que no importaba si Cantor estaba lidiando con una enfermedad, sus trabajos eran de primera línea y además de una sutil belleza. Eso bastaba para tomarlo en serio. Y fue éso lo que en parte ayudó a poner a cada uno en su sitio, en una situación en la que curiosamente Georg Cantor no tenía sus preocupaciones centradas ni en las controversias de las que estaba siendo involuntariamente el causante, ni tampoco en las paradojas que surgían de sus trabajos, que les causaban gran molestia a otros matemáticos. En una ocasión se le preguntó al filósofo, premio Nóbel de literatura, y matemático, Bertrand Russell, quién consideraba la persona más influyente de la historia en Francia, y éste contestó que esa persona era Poincaré, ante lo cual su interlocutor se quedó sumamente extrañado, al ver que no figuraban en su contestación ni el escritor Honoré de Balzac, ni por ejemplo Napoleón, y sin embargo sí un ministro de entonces con dicho apellido, a lo que Russell contestó que a quien se refería no era al ministro Poincaré, sino a su primo Henri. Esto da una idea de hasta qué punto era influyente el mencionado matemático francés, por estar junto con Hilbert en la élite generalista de las matemáticas de principios de siglo, por sus contribuciones al análisis, a la naciente topología o geometría doblada, por sus estudios sobre el problema de los tres cuerpos –de los que accidentalmente ha surgido la moderna teoría del caos- y por muchas otras contribuciones firmadas con su nombre, entre las que podríamos poner de relieve el estudio del grupo de transformaciones de Lorentz, que por muy poco no lo convierten en codescubridor de la teoría de relatividad especial, por adelantársele Albert Einstein en su año milagroso de 1905. Por este motivo, a Cantor comenzó a tomársele en serio, y fue por ello que precisamente el primero de los problemas a resolver planteado por Hilbert en su famosa conferencia pronunciada durante el Congreso Internacional de Matemáticas, celebrado en la Sorbona (París) en 1900, fuese concretamente el problema de la hipótesis del continuo, no resuelto en su totalidad hasta el año 1963.

 

 

Para contextualizar la hipótesis del continuo, problema al que Cantor no encontró por aquel entonces solución, a pesar de intentarlo con todo su empeño, se debe hablar primero de los cardinales transfinitos y del concepto de infinito en acto, tal y como quedó registrado con las contribuciones del matemático alemán.

Pero antes de esto, debemos remontarnos a la Grecia clásica para ver lo escurridizo que ha sido siempre el concepto de infinitud, que no logró ser domado hasta los trabajos de Cantor. En aquellos tiempos de la Antigüedad surgió una controversia en torno a las concepciones de infinito en potencia e infinito en acto, que se mantuvo a lo largo de toda la historia hasta Cantor. El infinito en potencia consiste en considerar que efectivamente, por ejemplo, después de cada número natural existe otro número posterior, independientemente de que consideremos al primero de ellos todo lo grande que queramos. Así pues, potencialmente los números naturales no se acaban nunca, y cobra forma el hecho de que podemos pensar que el infinito existe, aunque escape a nuestra limitada forma de pensar basada en la observación de cosas u objetos finitos, y no podamos aprehenderlo. Pero hay otra forma de ver el infinito, y es la de considerarlo en acto, no como algo sólo posible, sino como algo con existencia real, hablándose entonces de infinito actual. Aristóteles consideraba que el infinito actual no era concebible, y que si debíamos pensar en el infinito era teniéndolo en cuenta como algo sólo en potencia. Precisamente, algunos pensadores contemporáneos de Aristóteles, uno de los cuales fue Zenón, basándose en lo engañosa que puede resultar la comprensión de un número indefinidamente grande se dieron cuenta de la gran cantidad de aporías, o contradicciones lógicas, que surgían si solamente se consideraba el infinito como algo en potencia y no en acto, de las cuales tal vez las más conocidas sean la famosa aporía de Aquiles y la Tortuga, o la aporía del espacio a recorrer de longitud unidad y de su cubrición con la serie geométrica de suma de distancias avanzadas, con un término general de razón ½. Por otra parte, la continuidad de esta incertidumbre en lo que a los conceptos se refiere, se mantuvo a lo largo de la historia y fue determinante en los primeros intentos de formular el cálculo; así ya los trabajos de los indivisibles de Cavalieri carecían de una total consistencia conceptual precisamente por lo escurridizo del infinito; y aún más, cuando Isaac Newton y Gottfried Leibniz descubrieron el cálculo de manera independiente, eran probablemente conscientes de manera plena de que la nueva forma de calcular, que tan fecunda ha sido para el desarrollo científico, no poseía el grado de rigor que todo buen matemático desea para sus creaciones, dado que era preciso recurrir a los elementos infinitesimales, a lo infinitamente pequeño y distinto de cero, que en realidad lleva implícita la creencia en el infinito en acto.

Así pues, ¿posee existencia real el infinito en acto, aunque lo observado por los humanos, los medios de medida, y nuestra forma de pensar, estén basados en lo finito?.

La respuesta a esta pregunta es afirmativa, y fue Cantor quien comprendió por primera vez en toda su perspectiva el infinito. Para esto, Cantor partió en primer lugar del conjunto de los números naturales. Como dado cualquier número natural, existe otro más grande, el conjunto de los números naturales es infinito, es decir, no se acaba nunca. Para estudiar el tamaño de un conjunto, fuese finito o infinito, Cantor definió los conceptos de numerabilidad (un conjunto es numerable si sus elementos se pueden poner en correspondencia uno a uno mediante una biyección con el conjunto de los números naturales) y cardinalidad (el cardinal de un conjunto es el número de sus elementos si el conjunto es finito, y si dos conjuntos son infinitos se puede decir que tienen la misma cardinalidad si podemos establecer una biyección entre sus elementos, esto es, una correspondencia biunívoca entre ambos, que es equivalente a decir que tienen el mismo tamaño). A partir de estos dos conceptos básicos se llega a la conclusión de que un conjunto es finito si no existe una biyección entre dicho conjunto y alguna de sus partes, y es infinito –tiene cardinalidad transfinita- si dicha biyección existe. Así, por ejemplo, podemos relacionar el 1 con el 10, el 2 con el 20, el 3 con el 30, y así sucesivamente, y vemos que los números naturales son infinitos y son biyectivos con uno de sus subconjuntos (el conjunto formado por las sucesivas decenas). Por otra parte, también podemos decir que el conjunto de los números enteros es numerable, dado que podemos poner en correspondencia el 1 con el 1, el 2 con el -1, el 3 con el 2, el 4 con el -2, el 5 con el 3, y así sucesivamente. Dado que el conjunto de los números racionales (las fracciones) también es infinito, y dado que entre dos números enteros existen infinitas fracciones, podría parecer que existen muchas más fracciones que enteros y que dichos conjuntos tienen distinta cardinalidad. Sin embargo, Cantor advirtió que esto no era así. Para ello, construyó una retícula discreta de puntos en dos dimensiones, de tal forma que la primera fila de puntos se corresponde con los números naturales, la segunda fila con las mitades (números con 2 en el denominador), la tercera fila con los tercios (números con 3 en el denominador), la cuarta con los cuartos (números con 4 en el denominador), y así sucesivamente, aumentando el numerador en cada fila de izquierda a derecha. En esta retícula infinita se encuentran todos los números racionales, y así por ejemplo la fracción 5/6 se halla en la sexta fila, quinta columna; y otro tanto para cualquiera otra fracción que nos imaginemos. Ahora, supongamos que siguiendo una serie de trayectorias diagonales en zig-zag recorremos esta retícula y estiramos dichas trayectorias según una alineación recta, quedando todos los números racionales colocados en esa fila resultado del desdoblamiento de todas esas trayectorias oblicuas. Entonces, es claro que podemos numerar cada una de las fracciones con un número natural, ya que a cada uno de esos puntos alineados podemos colocarle al lado un natural. Por lo tanto, aunque de entrada parecía todo lo contrario, el conjunto de los números naturales y el conjunto de los números racionales, que tienen ambos cardinalidad transfinita, son recíprocamente biyectivos (sus elementos están en relación uno a uno), y poseen la misma cardinalidad. Cantor denotó este número cardinal como aleph sub-cero (no incluyo aquí el símbolo, pero la letra aleph es la primera en el alfabeto hebreo, y es parecida a una x mayúscula). Pero Cantor no se detuvo aquí, ni muchísimo menos, sino que pasó a considerar el conjunto infinito de los números reales con infinitos decimales, y lo que primero se preguntó es si este conjunto posee el mismo cardinal que el conjunto de los números naturales (equivalentemente, que el conjunto de los racionales). Y para demostrar que ambos cardinales transfinitos son diferentes, siendo mayor el de los números con infinitos decimales, utilizó un interesante e ingenioso argumento, que desde entonces se ha llamado diagonalización de Cantor, y que también usó Alan M. Turing en su trabajo sobre los números computables y el problema de la decisión. En esencia el argumento consiste en lo siguiente: supongamos que tenemos una lista (infinita) con todos los números con infinitos decimales posibles, de tal forma que a la izquierda de cada número colocamos un número natural para indicar el puesto que ocupa el número decimal en la lista, esto es, suponiendo implícitamente que el conjunto de número decimales y el conjunto de números naturales poseen la misma cardinalidad. Hagamos ahora lo siguiente: al primer decimal del primer número de la lista lo cambiamos por otra cifra distinta, al segundo decimal del segundo número de la lista lo cambiamos también por otra cifra distinto, y repitamos este proceder para todos los números que hay en la lista (¡nunca jamás terminaríamos de hacer tal cosa, pero ello no significa que no podamos imaginarlo!). Si reflexionamos un rato, fácilmente nos daremos cuenta que el número decimal así construido con los sucesivos nuevos decimales que hemos usado, no está en la lista inicial de tamaño infinito numerable propuesta, por lo que se colige que necesariamente existen más números reales que naturales o racionales, y así hemos llegado a la conclusión de que existe otro número cardinal transfinito, que Cantor denotó por aleph sub-uno, y que se corresponde con la cardinalidad del conjunto de los números reales, que es estrictamente mayor que aleph sub-cero, o cardinal de los naturales. Y dado que no es difícil establecer una biyección entre un intervalo cualquiera de la recta real con el conjunto de los números reales, también se puede ver que la cardinalidad de cualquier intervalo es igual a la del conjunto del que forma parte de los números reales, e igual por tanto a aleph sub-uno (tienen el mismo tamaño). Parece algo extraño, desde luego, pero es verdadero, y Cantor tuvo que asombrarse bastante con sus novedosos razonamientos. Y aún más, si consideramos cualquier intervalo N-dimensional, formado por el producto cartesiano de N intervales 1-dimensionales, también es fácil ver, asombrosamente y en contra de lo que en principio dictaría la intuición, que es biyectivo con un intervalo 1-dimensional, y por tanto de cardinalidad transfinita igual a aleph sub-uno. Entonces tenemos de momento dos grados de infinito, el de los números naturales, y el mayor de los números reales, que implica que en la recta real existen más números irracionales que racionales (son en realidad muchos más) ya que ya se vio que los números fraccionarios son numerables, mientras que el conjunto de los reales, formado por los fraccionarios y los irracionales, no lo son. La pregunta que se formuló entonces Georg Cantor es si existen otros cardinales transfinitos o grados de infinitud mayores que los dos hallados. Y para contestar a esta pregunta, Cantor consideró, dado un conjunto cualquiera, el conjunto formado por todas las partes posibles de ese conjunto de partida, teniendo en cuenta las partes triviales igual al conjunto vacío y al conjunto total. Para un conjunto discreto, el cardinal o número de elementos del conjunto formado por las partes del de partida es igual, como fácilmente se comprueba, a 2 elevado al cardinal de dicho conjunto de partida. Así pues, el cardinal del conjunto de partes de un conjunto es estrictamente mayor al cardinal de dicho conjunto. Si ahora hacemos que el conjunto original tenga cardinalidad transfinita, hemos encontrado una manera práctica de hallar un conjunto transfinito de mayor tamaño, que es el conjunto formado por las partes del inicial. Por lo tanto, tenemos una sucesión infinita de cardinales transfinitos, que empieza con aleph sub-cero, seguido del cardinal del conjunto formado por las partes del conjunto de cardinal aleph sub-cero, que tiene cardinalidad aleph sub-uno, al que sigue el cardinal del conjunto formado por las partes del conjunto formado por las partes del conjunto de cardinalidad aleph sub-cero, que tiene cardinalidad aleph sub-dos, y así sucesivamente.

Pero entonces a Cantor se le planteó una duda “existencial”, que formalmente pasaría a ser conocida como hipótesis del continuo, y que lo tuvo infructuosamente ocupado el resto de su vida. Y esa duda consiste en saber si existe algún conjunto infinito cuyo cardinal sea estrictamente mayor que el cardinal de los números naturales aleph sub-cero y a la vez estrictamente menor que el cardinal mayor de los números reales con infinitos decimales aleph sub-uno. La hipótesis del continuo afirma que tal conjunto no existe, y requería de la búsqueda de un contraejemplo o de su demostración directa, para poder así afirmar su falsedad o veracidad respectivamente. Este problema fue enunciado por David Hilbert en su famosa conferencia de 1900 como uno de los problemas matemáticos abiertos a la espera de solución para las matemáticas modernas. Era el primero de su famosa lista de 23 problemas de gran dificultad que han tenido bien ocupadas a algunas de las mayores mentes matemáticas del siglo XX; y un puñado de los cuales aún no se han resuelto (la hipótesis de Riemann entre ellos, el santo Grial de la teoría de números; o la axiomatización de la física, tampoco aún no conclusa), habiéndose resuelto no obstante una gran cantidad de ellos (como por ejemplo el problema de la existencia de un procedimiento general para saber si una ecuación diofántica tiene soluciones enteras o no, resuelto en dos fases: primera mediante el enunciado de la hipótesis de Julia Robinson y sus colaboradores, y segunda mediante los trabajos del matemático ruso Yuri Matiyasévich; o el problema de la conjetura de Poincaré, la cual ya es un teorema desde la intervención del “medallista” Fields Grigori Perelman).

 

 

Y para resolver el primer problema de Hilbert, que tan absorto mantuvo sin éxito a Georg Cantor, hizo falta la intervención de dos astros de las matemáticas modernas; el primero de ellos, más conocido por su teorema de la incompletitud, el austríaco Kurt Gödel, quien en 1939 complementó el sistema axiomático de la teoría de conjuntos formado por los axiomas de Zermelo-Fraenkel, y el axioma de la elección, con la hipótesis del continuo como axioma independiente, para llegar a un sistema axiomático consistente; el segundo de ellos, el matemático norteamericano Paul J. Cohen, de ascendencia judía, que en 1963, complementó también el sistema axiomático Zermelo-Fraenkel, más axioma de elección, más negado de la hipótesis del continuo, para llegar también a un sistema consistente desde el punto de vista lógico. En consecuencia el problema de la hipótesis del continuo es indecidible. Es decir, se han construido dos mundos matemáticos diferentes, en uno de ellos existe un conjunto de cardinal transfinito comprendido entre aleph sub-cero y aleph sub-uno, y en el otro mundo no existe tal conjunto; y se dice entonces que el resultado depende de la hipótesis del continuo, que es un axioma independiente de la teoría de conjuntos que ha de considerarse o bien directamente o bien de forma negada como un axioma más, (algo al estilo del 5º postulado de Euclides de las paralelas y a su implicación en la existencia de geometrías no euclídeas perfectamente consistentes).

Y éste es el final de la historia, fue precisa primero la originalidad de Georg Cantor para desentrañar el tan escurridizo misterio del infinito en acto, y la tenacidad y el ingenio de Gödel y de Cohen para completar la panorámica en su totalidad. Una buena muestra de que las matemáticas son un terreno eternamente cambiante y perfeccionista, que no admite huecos vacíos en sus argumentaciones, tárdese lo que se tarde en cubrirlos. Hay un millón de dólares y una entrada para el Monte Olimpo de la Ciencia, esperando a quien resuelva el problema de la hipótesis Riemann, uno de los problemas de Hilbert aún abiertos. La distribución de los números primos es de enorme importancia, tanto teórica como prácticamente, no sólo por la motivación de saber por saber, sino además por sus implicaciones en la criptografía RSA, con la que se protegen nuestros números de tarjetas de débito/crédito en las transacciones comerciales por Internet. El matemático Bernhard Riemann dedujo una ecuación que relaciona la función compleja meromorfa zeta (conocida como función zeta de Riemann) con la cantidad de números primos menores que un número natural dado. Así pues, existe una conexión entre la función zeta de Riemann y la teoría de números, y un conocimiento del emplazamiento de los ceros y polos de zeta en el plano complejo arrojaría luz sobre la distribución de los números primos. La hipótesis de Riemann establece que todos los ceros no triviales de dicha función tienen parte real igual a 1/2. Por métodos computacionales no se han encontrado todavía contraejemplos a esta conjetura. Pero ésto no basta, puesto que se trata de saber con certeza si este comportamiento se produce para absolutamente todos los ceros no triviales, que son infinitos. La demostración o refutación de la hipótesis de Riemann es tal vez el problema matemático abierto en la actualidad de mayor relevancia. Personalmente no me gustaría morir viendo que ese problema se mantiene sin solución. Me gustaría que en alguno de los próximos años venideros de esta época en la que nos ha tocado vivir, en la que el Dios Dinero es el que marca los tiempos, los trabajos, el funcionamiento de la sociedad, y las preocupaciones diarias, con una crisis económica que se extiende como una telaraña por las naciones; y con asignación de escasos fondos para la investigación; hiciese acto de presencia de repente una persona de naturaleza extraordinaria, que al puro y clásico estilo romántico de esta ciencia democrática que es la matemática, resolviese este problema y nos sorprendiera a todos. Quién sabe. A lo mejor ese iluminado ya ha nacido y se halla ahora ocupado en sus cotidianos quehaceres, ajeno a la que será la contribución de su vida y del siglo a las matemáticas.

Las imágenes presentadas en esta entrada se corresponden, por este orden, con las fotografías de Georg Cantor, Kurt Gödel y Paul Cohen.

 

Los radiofaros Consol (Elektra-Sonne) – (11.3) El sistema radiante. El monopolo sobre masa y cómo se implementó en la estación Elektra-Sonne.-

 

 

En los anteriores subapartados de esta misma sección, dentro del análisis del sistema de posicionamiento Consol, se han considerado las antenas dipolo de manera aislada. En la práctica, si existen obstáculos cerca de una antena, éstos consiguen modificar el diagrama de radiación de la propia antena en relación a la situación de ubicación en el vacío. La propia presencia de la tierra en el lugar físico donde se halla la antena condiciona sus características de radiación-recepción. La energía que radia la antena es reflejada en mayor o menor medida en la superficie terrestre, según sea fundamentalmente el grado de conductividad o facilidad de conducción de la corriente eléctrica que posea la tierra. Así, pasamos a tener no sólo la onda radiada directamente por la antena, sino además una onda reflejada por la superficie.

En electromagnetismo se utiliza la teoría de imágenes para obtener una antena a todos los efectos equivalente a la situación de proximidad de la antena real a la tierra. Para ello, se busca la geometría de una distribución de corrientes ideal que estuviese por debajo del plano de la tierra, y que fuese tal que, suponiendo que éste fuese un plano conductor perfecto, se obtuvieran las condiciones de contorno reales que existen sobre el mismo, en términos de valores de los campos eléctrico y magnético. Garantizando esto se estaría en una situación de equivalencia a todos los efectos en la propagación y magnitudes de la onda de espacio (formada por la onda directa y la onda reflejada), en la región en la que ésta puede ser recibida por un receptor, que es el espacio por encima de la superficie terrestre. Es decir, se puede sustituir un plano conductor perfecto por unas corrientes equivalentes. Este hecho se aprovecha en las antenas monopolo sobre masa, del cual las antenas del sistema Elektra-Sonne eran un caso particular. Este tipo de antenas se usan fundamentalmente a bajas frecuencias, dado que sería muy difícil construir un dipolo operando a la frecuencia de portadora, dado el gran tamaño necesario. Las antenas monopolo sobre masa son antenas lineales situadas en posición vertical sobre la tierra, conectadas a uno de los terminales de la línea de transmisión que trae la onda de corriente desde el transmisor, estando el otro terminal de la línea conectado a tierra.

El equivalente del monopolo y su imagen es una antena dipolo, de tal manera que en el espacio sobre la tierra los campos reales serán los de un dipolo de longitud igual a la doble del monopolo. De esta manera, tanto la distribución de corriente como el diagrama de radiación serán los mismos que los del dipolo. Como sólo se radia en la mitad del espacio, el monopolo radiará la mitad de la potencia radiada por el dipolo equivalente y por tanto la resistencia de radiación será también la mitad de la resistencia de radiación del dipolo equivalente, siendo además la directividad doble de la dicho dipolo.

Todo lo anterior sería válido si considerásemos una tierra perfecta, es decir, de conductividad infinita. En la práctica la conductividad es finita, y ello acarrea la presencia de pérdidas de energía, que causan una menor eficiencia de la antena y una elevación del lóbulo –en el plano vertical- en su diagrama de radiación. En los mástiles de radiodifusión de Onda Media, con el objeto de contrarrestar las pérdidas por la conductividad finita de la tierra, se aumenta ésta enterrando platinas metálicas conductoras (tiras conductoras) conectadas entre sí, en la base de la antena y sus proximidades, y también humedeciendo el terreno para que aumente su conductividad. Estas medidas fueron puestas en práctica durante la operatividad del sistema Elektra-Sonne.

 

 

Por otra parte, es un hecho que -para bajas frecuencias- es difícil el poder construir antenas grandes. Además de la dificultad de la construcción de un mástil radiante de gran tamaño, surge el problema de que al disminuir la frecuencia la resistencia de radiación disminuye de manera rápida, y la reactancia de entrada aumenta también con rapidez, presentando valores capacitivos. Esto ya fue descrito en la sección 11.2, cuando se habló del dipolo elemental. Esta reactancia capacitiva vista hacia la derecha de la salida de línea de transmisión sería nociva a efectos operativos, pues representaría la presencia de potencia reactiva en la antena y en la línea, que es potencia que no sólo puede provocar sobrecargas por ser la antena y la línea, en estas circunstancias, una interfase de transferencia y de almacenamiento de energía, sino que además disminuye la magnitud de la energía transferida. Es una situación no deseable, pues en vez de consumirse toda la energía que se entrega a la antena, parte de ella se almacena y no se consigue la optimización de la energía radiada, que lógicamente habrá de ser máxima. Para corregir esta situación, ha de emplearse una bobina, con el objeto de “corregir el factor de potencia”. Esta bobina cancelará el efecto capacitivo de la impedancia de entrada de la antena, y permitirá que toda la energía que se entrega al monopolo –salvo la que se pierde por efecto Joule a causa de su componente resistiva- sea radiada, consiguiéndose que el conjunto de la antena y la bobina logren un comportamiento resonante o de máxima transferencia de energía. Se dice entonces que la antena está en resonancia o que está sintonizada. A escasos metros de los mástiles radiantes de la estación Consol existían unas cabinas donde se hallaban las bobinas variométricas, que habían de ser ajustadas para lograr poner en resonancia las antenas, eliminándose así la potencia reactiva.

Además de esto, como ya se mencionó en anteriores apartados y se puede observar en las fotografías anteriores en este análisis del sistema Elektra-Sonne, los mástiles radiantes Consol estaban terminados en unas caperuzas capacitivas. El hecho de la utilización de estas terminaciones acumuladoras de carga se puede razonar teniendo en cuenta que su presencia fuerza a que la distribución de corriente en la antena no se anule en el extremo y pueda ser vista desde la entrada como la distribución de una antena más larga. Si a partir de la finalización de la línea de transmisión no se hubiese abierto ésta como antena, tendríamos una línea de transmisión terminada en un condensador, el cual puede ser sustituido a todos los efectos por otro tramo de línea de transmisión con la longitud necesaria para presentar la misma impedancia de entrada que el condensador. Se razona entonces que el condensador –o en este caso su equivalente obtenido mediante la caperuza y la tierra, que son sus dos placas- tiene como efecto el de alargar la antena, obteniéndose en el tramo de antena que va desde la base hasta el capuchón capacitivo la distribución de corriente de la antena alargada, pero sólo en ese tramo, que es el que realmente existe, y que será por lo tanto prácticamente uniforme arrojando en el cálculo unos valores de campos electromagnéticos radiados mayores por calcularse los mismos en función del potencial vector, según se vio en la sección 11.1, con la presencia de una densidad de corriente mayor en la antena en relación a la situación del no uso del capuchón capacitivo, al pasarse de una distribución de forma casi triangular a una distribución prácticamente uniforme (constante), dando lugar así a una integral de potencial vector de valor mayor.

Por otra parte, dado que las dos antenas extremas estaban ubicadas lejos del transmisor, era preciso llevar la onda mediante sendas líneas de transmisión desde el mismo a ambas antenas –también era necesaria una línea más corta para hacer lo propio con la antena central-, y para ello era precisa una adaptación de impedancias tanto a la salida del transmisor como a la llegada a las proximidades de las antenas, para conseguir máxima transferencia de energía con reflexiones de onda nulas en los cambios de medio (interfases transmisor-línea y línea-antena). Esto se lograba mediante los oportunos transformadores.

 

 

Como se puede observar en las imágenes, que han sido extraidas del libro “Radio Navigation Radar and Position Fixing Systems for use in Marine Navigation”, volumen II, publicado por el Ministerio de Transporte Británico en mayo de 1946, redactado en el “International Meeting on Radio Aids to Marine Navigation”, y en el que se realiza un estudio –entre otras cosas- del sistema Consol con vistas a la instalación en Bush Mills (Irlanda) de la que sería la estación Consol británica, operativa después de la Segunda Guerra Mundial; las líneas de transmisión tenían una impedancia característica de 600 Ohmmios, entre la estación transmisora y las antenas extremas había una distancia de aproximadamente 3 longitudes de onda, en las proximidades de los mástiles radiantes existían unas “Aerial Tunning Unit”, que son los lugares donde se realizaba la sintonía de cada antena, mediante las bobinas variométricas; existían además unas “Balance/Unbalanced Matching Unit”, donde se adaptaban las impedancias, operando además como balun, para conseguir distribución equilibrada o balanceada entre la corriente de ambas ramas del dipolo equivalente; y además, existía un “Monitor Hut”, o punto de monitorización, ubicado en la perpendicular de la línea de antenas a una distancia lo suficientemente grande como para estar situado en la zona de campo lejano –que en la práctica eran unos kilómetros-, cuya misión era la de garantizar que los desfases producidos sobre la onda por haber viajado largo trecho a través de las líneas de transmisión desde el transmisor central, así como los eventuales desfases espurios que se produjesen en la máquina Elektra por su posible y eventual situación de incorrecto ajuste, ambos considerados cooperativamente, no alterasen la operación ideal de funcionamiento del período de transmisión de señal Consol o señal de orientación, según el cual entre las señales aplicadas a las antenas extremas debe mediar un desfase exacto resultado de la alternancia de 0 grados y de 180 grados, más un desfase creciente y lineal en forma de diente de sierra. Esto es, mediante el punto de monitorización, donde se hallaba un receptor de radio, y que estaba comunicado por línea con la estación de control, se lograba saber cuándo pasaba el máximo (o el mínimo, según conveniencia) del lóbulo de radiación perpendicular sobre la línea recta que unía dicho punto de monitorización y la antena central, y que era perpendicular a la línea de antenas, y así se podía avisar a la estación de control, para que allí ajustasen en consecuencia la máquina Elektra (la cual era la responsable de conseguir los dos regímenes de desfase superpuestos P y D de los que se ha hablado en la sección 9, entre las corrientes aplicadas a las dos antenas extremas) para lograr un correcto funcionamiento y la corrección de los factores de fase producidos por el viaje de la onda hasta las antenas y por un ajuste inadecuado de la propia máquina Elektra, consiguiéndose el deseado movimiento de los lóbulos de barrido a ambos lados, que establecen el movimiento de los radiales de equiseñal, y en perfecta sincronía con el comienzo del ciclo de señal de orientación, de tal forma que en alta mar se produjese la observancia del paso del rayo de equiseñal justo en el momento que le corresponde según lo descrito en las cartas de navegación que incluyen los radiales, y según lo prescrito por el diseño, y no antes ni después, cosa que daría lugar a lecturas de posición muy erradas.

En la imagen a continuación se representa el corte horizontal del diagrama de radiación de una estación Consolan, sistema similar a Consol salvo en el número de antenas empleadas (dos para este caso), y en el número de lóbulos del corte horizontal del diagrama de radiación de dicho sistema. El sistema Consolan fue un desarrollo creado posteriormente al sistema Consol, es decir después de la confrontación bélica, y estaba basado en el sistema Elektra-Sonne. La imagen ha sido extraida del libro Funk-systeme für Ortung und Navigation, escrito por Ernst Kramar, y publicado en el año 1973. En cuanto al corte vertical del diagrama de radiación, y para ya concluir con este apartado, faltaría decir únicamente que por ser monopolos sobre tierra las antenas, sería similar al de una antena dipolo.

 

Diagramas1p

 

Feliz Año 2012

 

 

Comienza un nuevo año, con todo lo que ello conlleva: proyectos que planeamos desde la más absoluta de las incertidumbres, promesas y deseos invocados a la Providencia desde lo puramente oculto e íntimo de nuestro ser, que son partícipes de esperanzas e ilusiones renovadas… Pero en fin, no hace falta complicarse para vivir, simplemente basta con dejar que el tiempo fluya en su inasible devenir, en los algo más de tres centenares de días que irán girando unos detrás de otros; a veces con parsimonia, otras veces inyectados de pasión y emoción auténticas. En algunos de ellos sería mejor no levantarse de la cama, otros representarán un triunfo absoluto, pero la única receta válida para no fracasar o no sentirse defraudado es simplemente dejarse llevar por las mareas del tiempo, que sea la eterna espontaneidad de la Naturaleza y de la vida cuyas crines son asidas por el jinete de nuestro libre albedrío, las que nos guíen en este viaje transoceánico a cuyo comienzo nos hallamos soltando amarras. Este pensamiento evoca en mí los versos del sabio persa Omar Khayyán, astrónomo, matemático y poeta que vivió entre los siglos XI y XII, instaurador junto a otros científicos de la corte del nuevo calendario musulmán, que escribió varios tratados de geometría y álgebra siendo uno de los matemáticos más importantes de su momento, siguiendo la corriente de Al-Khwarizmi, y cuyo poema Rubaiyyat es su obra literaria más conocida. En este poemario Khayyán trata precisamente el tema de la naturaleza y la posición que el hombre ocupa en ella, así como el goce del momento presente. Os deseo lo mejor para este año 2012 que aún es niño de pecho, al ritmo palpitante de estos versos de Khayyán cuyo eco aún resuena sobrecogedoramente entre nosotros diez siglos después de su concepción. Feliz Año 2012 a todos.

 

Pero el dedo implacable

sigue y sigue escribiendo.

Seducirlo no podrás

con tu piedad y tu ingenio

 para lo escrito tachar

o con tus lágrimas borrar

ni una coma ni un acento.

 

Rubaiyyat,  Omar Khayyám

 

Mi colección de nidos y sus inquilinos naturales

 

Al cabo de bastantes años de interés por la ornitología, he ido acumulando diferentes nidos abandonados de aves, con el objetivo de algún día poder averiguar, con ayuda de la documentación oportuna, la identidad de las especies que los moraron, y conocer de primera mano los materiales que emplea cada especie en la construcción de su refugio de cría. Si bien en algunos casos, como demostraré en este artículo, un mismo nido puede haber sido construido por especies diferentes, por la no especificidad completa de los nidos en relación a las especies por mediación del conocimiento de los materiales, de la forma, y del lugar donde se encontró el nido en cuestión, sí es cierto que en la mayoría de los casos, es indiscutible la naturaleza del propietario del nido, puesto que la mayoría de los nidos son específicos de sus inquilinos. En este artículo presento mi colección actual de nidos de aves con fotografías realizadas por mí mismo, y otras imágenes de las especies de pájaros que los habitaron, éstas últimas tomadas de otras webs, cuyo enlace figura debajo de cada foto. Para estudiar la identidad de los constructores de los nidos me he servido del libro “Guía de campo de los nidos, huevos y polluelos de las aves de España y de Europa”, del autor Colin Harrison, un trabajo especializado en la faceta reproductora de las aves europeas.

 

Enlace

 

Los tres primeros nidos de mi colección fueron construidos por el mirlo común (Turdus merula), más concretamente por la hembra, que es la encargada de su confección. En la última fotografía del bloque se representa a un macho de mirlo común, que es de color negro, siendo la hembra marrón. El mirlo común cría en una gran variedad de hábitats, aunque normalmente es un pájaro de bosques, sotobosques y matorrales. Nidifica en las horquillas de árboles o arbustos entre 1 y 9 metros de altura. El nido es una taza grande y sólida de tallos, hierba, hojas secas, ramitas delgadas y raíces, tapizada con una capa sólida de barro mezclado con materiales vegetales, y ésta también tapizada de hierba seca u hojas muertas. Cría a finales de abril en el norte de España y puede tener entre dos y cuatro polladas. Los huevos son de color azul claro, en general muy punteados y moteados de color pardo rojizo. En las fotografías anteriores a este párrafo se representan diferentes tomas de tres nidos de mirlo distintos. El primero de ellos está confeccionado con una gran perfección y además el estado de conservación es bueno, por ser hallado poco después de que los inquilinos lo deshabitaran. En el segundo y el tercero se puede advertir claramente la capa de barro que recubre interiormente el nido. El tercero de los nidos no se conserva al completo, ya que en él falta una porción de la parte externa.

Las dos siguientes fotografías se corresponden con el nido de un mirlo ya bastante desgastado. Después de ellas he colocado la imagen de un mirlo hembra para que pueda verse claramente cómo se diferencia del macho arriba presentado.

 

mirlo_n1

mirlo_n2

mirlo_hembra

Enlace

 

A continuación siguen las fotografías de lo que quizás sea otro nido de mirlo, aunque no tengo certeza absoluta al respecto, debido a que no presenta la perfección morfológica de los nidos de esta ave tan común en España.

 

mirlo_n3

mirlo_n4

 

Otro tanto podría decir de los dos nidos que siguen. Probablemente sean nidos de mirlo o de zorzal aunque no lo tengo claro. Mis dudas se basan en el hecho de que el primero de los dos presenta restos de líquenes que lo harían buen candidato para haber pertenecido a una familia de zorzales, aunque dudo de la autoría real del mismo, dado que sólo son algunas trazas las que cuelgan de él y no ha quedado ninguna masa grande de musgo. Por otra parte el segundo de ellos tiene forma elíptica con gran excentricidad, cuando el mirlo y el zorzal suelen construirlos de una forma circular casi perfecta, o bien de forma elíptica con poca excentricidad.

 

 

Los dos nidos siguientes fueron construidos por el zorzal común (Turdus philomelos), que al igual que el mirlo pertenece a la familia de los Túrdidos, familia de pájaros medianos o pequeños, insectívoros o frugívoros que comen normalmente en el suelo y que crían en gran variedad de hábitats. El zorzal común cría en bosques y bordes de bosques, parques y jardines con arbustos, setos espesos y matorrales, y nidifica a una altura de entre 1.5 a 2 metros, en general en lugares bien escondidos. El nido es una taza bien definida de hierba, ramitas finas, raíces, musgo, hojas secas y líquenes con un revestimiento interior de barro, y también lo construye la hembra. La mejor forma de diferenciar un nido de mirlo de un nido de zorzal común, que en realidad son muy parecidos, es que el mirlo no emplea musgo ni líquenes normalmente para su confección, mientras que el zorzal sí lo hace. La época de cría empieza en marzo en el sur y entre mayo y junio en el norte, con normalmente entre dos y cuatro polladas. Los huevos son de color azul brillante y ligeramente brillantes.

 

zorzal_n1

zorzal_n2

zorzal_n3

zorzal_n5

zorzal_n6

zorzal_n7

Enlace

 

El constructor del siguiente nido es un pigmeo de las aves europeas, más concretamente el reyezuelo sencillo, que mide entre pico y cola entre 4.5 y 5 cm, medidas similares al otro pigmeo, el chochín, sólo que ambas especies pertenecen a géneros diferentes, más concretamente el reyezuelo sencillo (Regulus regulus) pertenece al género regulus, familia Sylviidae, y el chochín (Troglodytes troglodytes) pertenece al género troglodytes, familia Troglodytidae, además de que construyen el nido de forma totalmente diferente, y son anatómicamente muy diferentes. El reyezuelo sencillo construye su nido en bosques de coníferas o mixtos y en parques, matorrales y jardines con árboles apropiados. Suspende el nido en una horquilla de ramas debajo del follaje. El nido es una taza gruesa y profunda pegada al follaje y ramas superiores, siendo el acceso muy pequeño, y está construido de musgo, líquenes y telarañas, usando éstas últimas para atarlo a las ramas que lo aguantan, siendo además tapizado por el reyezuelo por una capa de plumas. Lo construyen ambos sexos pero el trabajo del macho es variable. La cría comienza a finales de abril y presenta dos polladas, y los huevos son de color blanco a ante pálido, finamente punteados de pardo, casi elípticos, lisos y sin brillo. El nido que presento en las fotografías tiene el musgo completamente seco, debido a que fue construido hace bastante tiempo, y fue hallado caído en el suelo desde las ramas de un aligustre en mi propio jardín.

 

Enlace

Enlace

 

El nido que se muestra a continuación ha sido el refugio de cría de una familia de carboneros comunes. El carbonero común (Parus Major), es una especie perteneciente a la familia de los Páridos, de la cual forman parte otras especies parecidas en el colorido y la morfología, bastante comunes en los jardines y parques españoles, como por ejemplo el herrerillo común (Parus Caeruleus). Los Páridos son pequeñas aves insectívoras que nidifican en gran variedad de hábitats, pero en general asociados con árboles. Nidifican en agujeros de árboles, taludes o paredes, y son rápidos colonizadores de las cajas anideras.
Más concretamente, el carbonero común cría en bosques o en espacios más abiertos, pero siempre lugares con árboles, en huertos, parques, matorrales densos y setos, y en cultivos con árboles. Puede construir su nido en agujeros de árboles, paredes y rocas, o entre las ramitas de nidos grandes de aves y ardillas. También usa cajas anideras y cavidades similares.
El nido es una taza de raíces, musgo, líquenes y hierba, con plumón y telarañas (eventualmente también lana); tapizada con pelo, partes pelosas de plantas y ocasionalmente plumas. Lo construye la hembra.
Su época de cría empieza a finales de marzo en el sur y a primeros de mayo en el norte, con una pollada en el sur y en el oeste, y dos en el norte y en el este.
Los huevos (en general entre 8-13, a veces 7-15), son subelípticos, lisos y ligeramente brillantes. De color blanco, con manchas, motas y puntos de color rojo púrpureo y algunos púrpura pálidos. Normalmente las marcas son más bien profusas, en ocasiones escasas y raras veces ausentes.
La incubación sólo la realiza la hembra, alimentada por el macho. Los huevos pueden ser tapados con parte del tapizado antes de empezar la incubación. Ésta comienza al finalizar la puesta.
La morfología del nido es parecida a otras especies de aves, pero ha sido un detalle de este nido el que me ha permitido clasificarlo como nido de carbonero común. Más concretamente, si nos fijamos en las fotografías, se advierte que han quedado restos de las cáscaras de los huevos en el fondo del nido, que brillan de color blanco al fotografiarlos con flash. En una de las fotografías he tomado, ayudado de una pinza, un detalle del trozo de cáscara más grande, y se puede ver que su colorido casa a la perfección con la descripción dada para los huevos del carbonero común. Es de color blanco, y presenta manchas púrpura pálidas. Ésto es un signo inequívoco, dado que a igualdad de morfología y tamaño del nido (y consecuentemente tamaño del ave), es el carbonero prácticamente el único pájaro con estas características de cría, y en cualquier caso el más común, en esta zona geográfica. Coloraciones similares en los huevos las presentan por ejemplo los gorriones comunes, el zorzal charlo, los herrerillos en varias de sus especies, algunas especies de papamoscas, la tarabilla común, algunas collalbas, algunas especies de bisbitas y de alondras, pero sus nidos son bastante distintos al que se presenta en estas fotografías, y los huevos son de tamaño distinto.
Del carbonero común me gusta no sólo su bella librea, sino también su alegre canto martilleante que escucho resonar desde niño en los huertos, los soleados días de primavera, mientras esta ave se cuelga de las ramitas de los manzanos en flor a la búsqueda de insectos con que alimentarse. También es fácilmente atraido a los comederos para pájaros en invierno.

 

Enlace

Enlace

 

El nido de las imágenes a continuación fue confeccionado por un escribano hortelano. Los escribanos (familia Emberizidae) son pequeños pájaros granívoros que suelen nidificar en hábitats abiertos. Suelen emplear raicillas para confeccionar los nidos, y además los revisten de plumón y otros materiales, si bien el constructor de este nido es uno de los pocos escribanos que lo confecciona únicamente con raíces sin revestir. El escribano hortelano (Emberiza hortulana) cría en áreas abiertas con vegetación baja o dispersa, cultivos, yermos con arbustos dispersos o hierba alta, matorrales y bordes de bosques. Hace el nido en el césped, hierbas o debajo de arbustos en el suelo. El nido es una taza que puede tener hierba seca y raíces, tapizada con raíces finas y pelo o raramente plumas. Lo construye la hembra. La época de cría comienza a primeros de mayo en el sur y a primeros de junio en el norte, presentando dos polladas. Los huevos son lisos y brillantes, de color muy pálido, azulado, rosado o gris, con motas, manchas y listas irregulares.

 

Enlace

 

El nido del que a continuación se muestran tres tomas pertenece a un escribano soteño. Fue hallado muy cerca de mi casa, en el lugar que había escuchado cantar a dicha ave por un periodo de tiempo de dos o tres meses. Su canto es muy característico y perfectamente distinguible del de otras aves, por lo que, aunque no pude ver físicamente el cantautor nada más que un par de veces, sé que permaneció en ese lugar por mucho tiempo. El escribano soteño cría en matorrales, bordes de bosques, o campo más abierto con árboles dispersos, como parques y cultivos con setos de árboles. Nidifica normalmente por encima del suelo en arbustos densos, setos, o ramas bajas de árboles, a veces en el suelo. El presente nido fue hallado en un matorral con abundantes madreselvas. El nido es una taza de hierba, raíces y musgo; tapizada con hierbas más finas y pelo, y es construido por la hembra. Como es costumbre de los escribanos, utiliza delgadas raicillas para su construcción. Comienza a criar a mediados de mayo, y pone de dos a tres polladas. Los huevos son blancos, teñidos de azulado, verdoso, o raramente rosado, marcados con punteado fino y listas irregulares con motas negras. Sólo incuba la hembra. El macho se encarga únicamente de marcar el territorio con su canto. Después de las tres tomas de dicho nido, presento al escribano soteño macho, más llamativo que su consorte, como ocurre con la mayoría de especies de aves.

 

Enlace

 

El siguiente arquitecto que aquí presento es el mosquitero común (Phylloscopus collybita). Los mosquiteros son pequeños pájaros insectívoros de la familia Sylviidae, que crían en o cerca de árboles y arbustos, nidificando cerca del suelo. El mosquitero común construye su nido en terrenos arbolados, matorrales altos, zonas arbustivas y en setos con árboles. El nido es una estructura cubierta sobre el suelo o espesas matas bajas, o en las ramas inferiores de los árboles. Está construido con tallos, musgos, hojas secas y restos de plantas, y tapizado con plumas. Lo construye la hembra. La época de cría empieza a finales de abril en el sur y entre mayo y junio en el norte, y presenta entre una y tres polladas. Los huevos son blancos, lisos y brillantes, con finas motas. Si bien esta morfología particular de construir el nido no es específica del mosquitero común, el nido fue hallado vacío en un lugar en el que oí cantar durante una larga temporada al mosquitero (tuiiit tuiiit tuiiit tuiiit en crescendo) y fue hallado en excelente estado de conservación, por lo que deduje que había sido su nido.

 

Enlace

 

El petirrojo (Erithacus rubecula), otro representante de la familia de los Túrdidos, cría en bosques espesos con sotobosques, y a veces en plantaciones y huertos. Nidifica en agujeros de tocones de árboles, en depresiones de taludes o entre raíces o matorrales bajos. El nido es una taza voluminosa de hojas secas, hierba y musgo, tapizada con raíces finas, pelo y raramente plumas. A menudo construido en una cavidad que le sirve de techo. Es construido por la hembra. La época de cría empieza entre marzo y junio, dependiendo de la latitud, y presenta dos o tres polladas. Los huevos son elípticos, lisos y sin brillo, de color blanco o muy ligeramente teñido de azul, ligeramente punteados y moteados.

 

Enlace

 

Los dos siguientes nidos, que además de ser muy parecidos, fueron hallados en un seto con bastante proximidad entre ellos, fueron sospechosamente construidos o por una curruca mosquitera o por una curruca cabecinegra. La razón de la sospecha de estos dos constructores es que ambos construyen el nido laxo y poco definido, usando prácticamente sólo hierba seca para su elaboración. Otra razón para lanzar tal hipótesis de trabajo es que las currucas mosquiteras macho tienen la costumbre de empezar varios nidos próximos entre sí, para que sea la hembra la que elija el que más le complace. Más concretamente, la curruca mosquitera (Sylvia borin) cría en bosques abiertos, caducifolios o mixtos, con sotobosques arbustivos o en áreas de arbustos altos o matorrales, jardines y setos altos. Nidifica en arbustos bajos, ramas bajas de árboles o hierba alta, a menudo a unos 30 cm. de altura. El nido es una taza voluminosa en una horquilla o entre tallos de plantas, encajada en el soporte pero no atada. Es flojo, y está construido con hierba seca, tapizada de hierba fina, pelo y raíces. La época de cría es a finales de mayo y presenta entre una y dos polladas. Los huevos son subelípticos, lisos y brillantes, normalmente blancuzcos. Por otra parte, la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) cría en matorrales y arbustos dispersos en la hierba, a una altura variable entre 30 cm. y 3 m., a menudo a baja altura. El nido es una taza de hierba seca y tallos, normalmente atados con telarañas, con una almohadilla interior de hierba más fina y eventualmente plumón, raíces y pelo. La época de cría empieza entre marzo y abril y presenta dos polladas. Los huevos son elípticos, lisos y brillantes, de color muy variable que puede ser blanco o teñido ligeramente de verde, rosado o ante, moteados, manchados y punteados. Se observa claramente en las fotografías que los dos nidos son muy diferentes de los del mirlo o del zorzal, ya que se aprecia que no posee ningún revestimiento sólido de barro. Además en uno de ellos se puede observar que el pájaro que lo construyó empleó un trozo de bolsa de plástico para su confección, lo cual no deja de ser una curiosidad implícita en las costumbres de muchas aves, ya que una gran variedad de ellas se sirven de objetos como trozos de lana o de plástico que encuentran para la construcción del nido. La primera foto de este bloque se corresponde con la curruca cabecinegra, y la última con la más probable arquitecta de estos dos nidos, la curruca mosquitera.

Los criterios para la asignación de un inquilino a cada nido han sido las descripciones de materiales empleados y forma, lugares donde fueron encontrados, pájaros avistados en el área concreta, cantos de aves escuchados, así como el listado de especies residentes o nidificantes en la zona geográfica que la incluye, que es el centro de la provincia de Lugo (España).

 

Enlace

Enlace

 

Como se puede advertir hay gran abundancia de especímenes de la familia de los Túrdidos en la zona geográfica donde han sido hallados todos los nidos de esta entrada. Esto se puede deducir de la gran proporción de nidos encontrados de dicha familia en relación a las otras familias. Pero de este hecho no se puede inferir que sean los Túrdidos las aves más abundantes en esta área, debido a que por lo general los nidos de esta familia de aves son los más fáciles de encontrar por su notorio tamaño.

 

Otoño en el parque del Buen Retiro

 

 

Un lugar acogedor como es el parque del Buen Retiro viste ahora en el otoño sus mejores galas. Las copas de los árboles adquieren un color amarillento, el pequeño lago artificial reverbera con las luces doradas de la puesta de sol del entretiempo, las hojas revisten con su marrón manto el césped aún verde que el otoño hereda del verano, se diría hasta incluso que el aspecto del parque resulta bucólico, aun a sabiendas de que estamos en el corazón de una gran ciudad como es Madrid…Pero una imagen vale más que mil palabras, y por ello aquí os dejo unas fotografías tomadas hoy que atestigüan lo que digo.

 

 

Los pequeños cazadores : el cernícalo, el alcotán y el gavilán

 

 

  http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/225634/

 

Resulta muy común para el hombre de campo el observar de vez en cuando el vuelo de pequeñas aves de presa sobre las llanuras o sotobosques ibéricos. Las pequeñas especies orníticas más comúnmente avistadas dentro de las familias de los Falcónidos y los Accipítridos, son el cernícalo vulgar (Falco Tinnunculus), el alcotán (Falco Subbuteo) y el gavilán (Accipiter Nisus), las dos primeras de ellas pertenecen además al género de las falcónidas o halcones. Pues bien, aunque los hábitos de estas tres pequeñas aves de presa difieren en gran medida, como corresponde a todas las distintas especies animales, hasta ser costumbres representativas de cada una de ellas, y otro tanto ocurre con su librea, también es cierto que a primera vista, para el profano en el tema resultan indistinguibles, habida cuenta de que la posibilidad de poderlas contemplar en actitud de posado no resulta habitual.

 

http://www.luontoportti.com/suomi/es/linnut/alcotan

 

Para ilustrar lo fácil que resulta distinguir a estas tres especies me he tomado la libertad de coger prestadas tres fotos de otras webs, cuyos links correspondientes figuran debajo de cada una de ellas (para poder ser visitadas desde aquí), en las que se aprecian las entredichas especies de nuestra avifauna en vuelo, que es la manera que tenemos más fácil de poderlas observar. En la foto superior aparece un cernícalo en vuelo cernido, en la intermedia un alcotán y en la inferior un gavilán. Si nos fijamos en las tres fotografías advertiremos que las tres especies, de tamaños similares, tienen diferencias notorias al verlas en vuelo. El cernícalo, que recibe su nombre por ser capaz de efectuar un vuelo cernido, -esto es, es capaz de mantenerse inmóvil en vuelo en un punto determinado mediante el batido continuado de sus alas y de su cola en abanico, como un perfecto helicóptero natural, para así, en esta actitud, poder divisar sus presas (que suelen ser ratones, ranas e insectos de gran tamaño) y capturarlas lanzándose sobre ellas-, posee unas alas angulosas, más cortas que las del alcotán y una cola –conformada por las plumas supracoberteras caudales, infracoberteras caudales y por las caudales o rectrices- más grande que la de aquél y abierta en abanico. El alcotán sin embargo, tiene unas alas de mayor envergadura que las del cernícalo, también angulosas, y además puntiagudas, con la particularidad de tener forma de hoz. La cola es en este caso más corta que la de aquél y no se abre en vuelo. Por su parte, el gavilán presenta unas alas redondeadas en vez de angulosas y una cola mucho más larga que la de las otras dos especies aquí descritas.

 

http://www.geschichteinchronologie.ch/soz/fabulas/Samaniego_fabulas01.html

 

Tanto el alcotán como el cernícalo no hacen su nido propio sino que aprovechan nidos construidos por otras aves, como las cornejas, y en el caso del cernícalo también suele nidificar en salientes en la roca, en hoquedades naturales o incluso sobre el suelo. El gavilán, sin embargo, sí construye un nido, pero la construcción no resulta muy perfeccionada, ya que para este menester no posee una especial habilidad. El cernícalo es el más pequeño de los tres simpáticos protagonistas de esta entrada y posee un colorido pardo con manchas, presentando dimorfismo sexual, y siendo el macho ligeramente más vistoso que la hembra, característica común a las otras dos especies. Por su parte, el alcotán, es muy parecido a su primo el halcón peregrino (Falco Peregrinus) y con él también comparte como característica común una gran agilidad y velocidad en el vuelo. En cuanto al gavilán, podría decirse que se trata de casi una copia a menor tamaño del azor, otra ave de presa que al igual que él comparte el mismo nicho biológico y casi el mismo tipo de alimentación, ya que aunque ambos presentan una nutrición fundamentalmente ornitófaga, basada en zorzales, mirlos, medianos córvidos, o incluso palomas en el caso del azor, también es cierto que allí donde hay conejos, ésta son la presa preferida de este último, cosa que no comparte con el gavilán por ser aquél de menor tamaño. Ambas especies suelen habitar en bosques mixtos o en bosques de coníferas. Tanto el azor como el gavilán realizan vuelos bajos entre la espesura, que los hace indistinguibles en sus lances cinegéticos. En estas tres especies es la hembra la que se encarga de la incubación de los huevos y de la alimentación de los polluelos, si bien el encargado de la caza es el macho, que cede su presa a su consorte a escasos metros del nido para que sea ella la que cebe a las crías.

 

Billy Wilder en bandeja de plata

 

 

Que un director de cine gane dos veces el Óscar en calidad de mejor director, y tres veces en calidad de mejor guionista no puede ser un fruto de la casualidad o del fenómeno fan, y más aún en los tiempos de la segunda mitad del siglo XX, cuando el cine no era todavía la máquina comercial que es hoy en día. Billy Wilder, tal vez el mejor cineasta de todos los tiempos lo hizo, y no sólo eso, sino que además fue nominado en la impresionante cantidad de ocho veces como director y de doce como guionista.

Todas las producciones de Wilder llevan marcada la impronta de su inconfundible sello personal, materializada en la forma de unos diálogos mordientes e hipnóticos que enganchan al espectador desde el comienzo de la película, una caracterización de los personajes sorprendente, en ningún caso maniquea, con sus vicios y sus virtudes bien a la vista, y un ritmo de la acción frenético y trepidante que no deja lugar en ningún caso al aburrimiento en ninguna de sus formas, todo ello sazonado con una ironía, sarcasmo y sentido del humor de un gusto poco habitual. Este maestro supo diseccionar la condición humana como nadie lo había hecho antes en el séptimo arte.

Billy Wilder, ciudadano polaco de origen judío, que tuvo que emigrar a Estados Unidos en tiempos de la persecución nazi, pasó hambre y miseria recién llegado a América, y tras sus primeros trabajos escritos para la Paramount, encontró en la figura de Ernst Lubich a su verdadero preceptor. El resto es ya historia. Produjo y dirigió 26 películas, de las cuales ninguna de ellas es deficiente, más bien se diría que rozan todas la perfección (si es que la perfección existe). Además de esto, escribió 60 películas como guionista. En su lápida del cementerio de WestWood en Los Ángeles está escrito un simpático epitafio, que nos muestra que fue cosechador de la ironía no sólo en sus excelentes films sino también en su propia vida personal: “I’m a writer but then nobody’s perfect”.

Como últimamente he visto “En bandeja de plata”, una de sus películas injustamente menos valoradas, me he sentido obligado a hablar un poco de este film.

El guión de “En bandeja de plata” corrió a cargo de I.A.L. Diamond y del propio Wilder (que habían cooperado también en “El apartamento” y en “Con faldas y a lo loco”, otras dos películas dignas también de ser visionadas).

En esencia el argumento consiste en que un cámara de televisión llamado Harry Hinkle (papel desempeñado por Jack Lemmon), recibe un golpe fortuito y puramente producto del azar en el transcurso de un partido de fútbol americano, que le es propinado por un inocente y bonachón jugador, y que le provoca una mala caida. Lo que en un principio parece algo serio, por la pérdida del conocimiento de Hinkle, no tiene tal carácter, pero su cuñado –un pícaro y astuto abogado- (papel a cargo de un Walter Mathau que se sale en su interpretación, y que le sirvió para obtener el Óscar al mejor actor secundario) logra convencerle para poder así obtener una importante indemnización millonaria del seguro del estadio, aprovechando el hecho de la inadecuada colocación de una lona enrollada próxima al borde del campo, en la cual Hinkle tropezó. Ante esta coyuntura, el que en un principio se niega a seguirle el juego a su cuñado, por poseer unas convicciones morales más arraigadas, cambia finalmente de opinión, al ser advertido por el propio abogado de que con la importante suma de dinero que pueden conseguir, atraerá además a su avariciosa exmujer –y de hecho lo hace-, de la cual sigue a pesar de negarlo, profundamente enamorado. Pero cuando ya está el caso ganado, y a causa de que ante todo el cámara es un bonachón y un sentimental empedernido, que es incapaz de asumir el sufrimiento emocional que está padeciendo el jugador causante del encontronazo, una eventualidad que no voy a desvelar permite a los detectives que investigan el caso hacerse con las pruebas necesarias para echar la farsa por tierra.

Esto es lo bueno del cine. Descubrirás siempre sucesivas joyas en forma de películas, de incontables quilates; de una puedes saltar a otras, basta que descubras la primera para que se te abra todo un mundo por delante; y a aquél lector –si lo hay- que haya visto poco o nada todavía de Billy Wilder le diré, con profunda convicción y sin temor a equivocarme, que me quito el sombrero y me doblo en una servil reverencia ante el director que retrató como nadie al ser humano en todas sus facetas, tanto en las más admirables como en las más oscuras y abyectas.

 

Visita al Museo Nacional de Ciencias Naturales: (5).- La exposición dedicada a Graells

 

Dedico este último artículo dentro de la serie que trata sobre el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid a la figura del ilustre médico, científico naturalista, y senador español Mariano de la Paz Graells y de la Aguera, en torno a cuya remembranza gira la exposición dentro del entredicho museo dedicada a su nada desdeñable labor investigadora y de descubrimiento, en el marco de la Península Ibérica.

Para acometer tal tarea trataré primero la biografía de este científico, que destacó por su enorme versatilidad a la hora de adaptarse a terrenos tan dispares como la botánica, la zoología, la medicina e incluso la política activa.

Graells nació en Tricio (La Rioja) en el año 1809, hijo de un médico catalán, se formó en Barcelona, donde cursó estudios de Medicina y Cirugía, Botánica, Agricultura, Física y Química. Su afán de conocimiento estuvo siempre vinculado al interés por las aplicaciones prácticas y el desarrollo de mejoras. Cuando en 1837 se incorporó en Madrid al Museo de Historia Natural, fue nombrado Catedrático de Zoología comparada en el mismo, y posteriormente director, llevando a la práctica un ambicioso proyecto de renovación que tuvo como fruto la mejora de las colecciones que por entonces se atesoraban en dicho Museo. A partir de 1855 trabajó en la aclimatación de diferentes especies en el territorio español y en la creación de piscifactorías, para obtener más alimentos para la población. Se implicó además en otras tareas, como el desarrollo de industrias y actividades pesqueras, y sus intentos de erradicación de la plaga de la filoxera de la vid, trabajos con una clara componente social. No sólo fueron los estudios prácticos los que ocuparon su trabajo, también estuvo interesado en los estudios teóricos, que ya comenzó en su primera etapa vital en Barcelona, con la observación de los insectos y sus indagaciones en relación a la floración de distintas especies vegetales en diversas áreas catalanas, y que continuaría más adelante en Madrid con sus estudios de malacología, paleontología y de los mamíferos. Supo conjugar sus trabajos de campo y de laboratorio con el servicio público, mediante la dedicación que hizo efectiva como miembro de distintas academias, comisiones y consejos ministeriales, y con su participación como senador en diversas legislaturas. La Ciencia le debe el descubrimiento, descripción, y estudio, de distintas especies vegetales endémicas de la Península Ibérica, así como del único lepidóptero del género Actias dentro del territorio español, la llamada Graellsia Isabellae (o Actias Isabellae), especie amenazada, protegida y de interés especial desde el año 2000, cuyo nombre científico está formado con su nombre y con el nombre de la reina Isabel II.

A continuación iré describiendo el contenido de algunas fotografías que tomé en mi visita a la exposición dedicada a Graells.

En la siguiente imagen aparece el herbario de Eduardo Carreño, que fue donado al Gabinete de Ciencias Naturales del Colegio-Seminario que estableció en 1885 el rey Alfonso XII en el Monasterio del Escorial. En este gabinete existe una colección botánica extraordinaria, y se albergan además allí colecciones zoológicas, mineralógicas y materiales de archivo, además de plantas procedentes de las donaciones de Graells, entre las que se encuentra la colección de su pupilo, Carreño.

 

 

En la fotografía que sigue se muestran algunos de los objetos que utilizaba Mariano Graells en sus clases de anatomía comparada.

 

 

Las dos imágenes a continuación en el bloque que sigue representan respectivamente la primera algunos expedientes de intercambio de semillas con centros docentes, mientras que la segunda expone los expedientes de traída de agua del Canal de Isabel II al Jardín Botánico de Madrid.

 

 

La foto siguiente muestra una reproducción del meteorito del tipo condrito L, caído en Molina de Segura (provincia de Murcia) el 24 de diciembre de 1858, y cuyo original pesa 112,5 kg.

 

 

A continuación aparecen dos catálogos en los que trabajó Mariano Graells, uno de ellos dedicado a los mamíferos observados en Madrid, y el segundo de ellos a los moluscos terrestres españoles.

 

 

Esta foto representa distintos ramilletes de la flora española, recogidos por el Doctor Graells en las Memorias de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de 1859.

 

 

El protagonista de la foto que sigue es una especie endémica de parte de la Península Ibérica, el desmán de los Pirineos, un mamífero de veloz metabolismo, que vive en los cursos fluviales de la cordillera pirenáica y otras regiones septentrionales de la península Ibérica, así como también en el Sur de Francia. Se alimenta de larvas de insectos acuáticos como tricópteros y efemerópteros, y este ejemplar pertenece a la colección de aves y mamíferos del Museo de Ciencias Naturales.

  

 

A continuación se muestra una colección de lepidópteros ibéricos, entre los que se pueden observar, entre otros, la Inachis Io, la Papilio Machaon, la Parnassius Apollo, la Aglais Urticae, la Nymphalis Antiopa, la Anthocharis Cardamines, y la Gonepterys Cleopatra. El segundo de los mosaicos de este bloque está formado por diversas especies ibéricas de coleópteros.

 

 

Las dos cajas entomológicas de las dos siguientes fotografías son un estudio del hecho biológico de la divergencia de caracteres, expresión visible de las mutaciones genéticas. En concreto, el lepidóptero sometido a estudio es la especie descubierta por Graells, la Graellsia Isabellae. En la primera fotografía se pueden ver grados variables en ejemplares de esta especie en lo que respecta al tamaño del insecto, la coloración de las venas alares, y la longitud de las colas. En la segunda fotografía se hace idéntico análisis, teniendo en cuenta en este caso las bandas negras de las alas, los ocelos que presentan, y las anomalías.

 

 

En la imagen que sigue se muestran dos obras en las que participó Mariano Graells, la de la izquierda es un trabajo sobre la florescencia de las especies vegetales de la flora catalana. La de la derecha es el libro Indicatio Plantarum Novarum, que recoge las descripciones de especies botánicas descubiertas en España. En la segunda imagen del bloque se representa un ejemplar de herbario de la especie Narcissus Palliludus Graells.

 

 

En el siguiente bloque aparece en primer lugar una lámina acerca de la anatomía de las ballenas varadas en las costas españolas en tiempos del Doctor Graells. En segundo lugar se puede apreciar una colección de coleópteros del mismo.

 

 

La fotografía siguiente representa un estudio llevado a cabo por el naturalista en relación a la Phyllosera Vastatrix, comúnmente conocida como plaga de la filoxera, publicado en el año 1881.

 

 

Para ya finalizar este paseo gráfico por la exposición, se muestra en primer lugar un retrato del personaje aquí tratado, seguido de otro retrato de la reina Isabel II, a la que Graells dedicó el nombre del lepidóptero Graellsia Isabellae, también conocido como Actias Isabellae. Se dice que Don Mariano le regaló un ejemplar de esta mariposa a la reina, y que ésta lo lució en una fiesta de palacio, montado sobre un collar de esmeraldas, causando gran sensación entre los asistentes.

 

 

Si bien en este museo existen otras exposiciones aparte de las descritas en la serie, me he limitado a algunas de las abiertas al público en el momento de mi visita al museo; probablemente ahora, en el momento de la publicación de este último artículo haya otras a disposición de los visitantes, como por ejemplo la que por aquel entonces estaba en obras, dedicada a los fósiles y animales prehistóricos, o la dedicada a los meteoritos que han caído en la Península Ibérica; he intentado ser sintético en la medida de lo posible, pero la única manera de vivir con intensidad una visita al Museo de Ciencias Naturales es acudiendo allí personalmente. Para los amantes y estudiosos de la naturaleza resulta una actividad lúdica e instructiva a la que incluso se puede acudir en familia, pues a los niños y jóvenes se les abren mundos insospechados en la contemplación del Medio Natural y sus inquilinos. Por lo que a mí respecta, puedo afirmar que me lo pasé en grande.

 

Mortadelo y Filemón, agencia de información

 

 

En una época verdaderamente complicada a todos los efectos como fue la postguerra española, con dificultades limitantes como la carestía de papel o la propia censura, en el año 1947 la Editorial Bruguera relanzó de nuevo su popular publicación Pulgarcito. Por sus páginas se desgranaban las aventuras de los más simpáticos personajes, creados por verdaderos humoristas con mayúsculas, como por ejemplo Escobar (con Zipi y Zape, y con Carpanta), Peñarroya (con Gordito Relleno o Don Pío), Cifré (el repórter Tribulete), y Vázquez (las hermanas Gilda). Fue por aquel entonces, unos años más tarde, cuando una estrella con luz propia, que a la sazón era un empleado en el Banco Español de Crédito, alumbró a dos personajes del cómic que llegarían a ser los más populares a nivel mundial dentro de las creaciones patrias, me estoy refiriendo a los geniales Mortadelo y Filemón, dos ineptos detectives que con el paso de los años fueron rodéandose de una pléyade de personajes a cual más desternillantes.

La creación de Francisco Ibáñez fue publicada por primera vez en el número 1394 de Pulgarcito (edición de 20 de enero de 1958), y llevó como título el que finalmente resultaría el definitivo, esto es, “Mortadelo y Filemón, agencia de información”. El magnífico talento de Ibáñez daría a luz años más tarde a otras colecciones de viñetas que también llegaron a ser populares, como por ejemplo 13, Rue del Percebe; Rompetechos; El botones Sacarino; o Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio; aunque la serie más aplaudida de Ibáñez ha sido siempre Mortadelo y Filemón.

Poco se puede decir ya que no se haya comentado de estos dos garrulos detectives, representaron el despertar del afán de lectura en la infancia de los niños españoles de la segunda mitad del siglo XX, sus aventuras se leían y se disfrutaban –y se siguen disfrutando- con la misma facilidad espontánea con la que se come el plato favorito, han arrancado verdaderas carcajadas en sus aventuras más hilarantes (todavía me acuerdo de lo bien que me lo pasé leyendo por primera vez “El sulfato atómico”), y representan una de las mejores manifestaciones del cómic español de todos los tiempos.

En el año 2008 se celebró el 50º aniversario de estos personajes, y hay que reconocerle el mérito a Francisco Ibáñez de saber reinventar continuamente a los detectives de la T.I.A. y de tener la capacidad para adaptarlos a las distintas épocas en las que salieron al quiosco. No sólo Ibáñez es un excelente dibujante, sino que además se puede asegurar sin temor a equivocarnos que es un maestro del humor, los gags que aparecen en las aventuras de Mortadelo y Filemón están impregnados de la rotunda vis cómica de la que es poseedor su creador.

Aunque en un principio las aventuras no duraban más de cuatro páginas, a partir de finales de los años sesenta se evidenció que esta serie estaba “condenada” al éxito indiscutible, por lo que la editorial Bruguera e Ibáñez decidieron añadir más personajes al dúo inicial y convertir las cuatro páginas en aventuras largas de 44 páginas, al estilo de las historietas del ámbito francófono (Tintín y Astérix); con lo que Ibáñez tuvo que reconducir su talento para enfrentarse a este reto, pues conseguir una historieta perfectamente hilada de tal duración, manteniendo el pulso narrativo y cómico, sin repetirse, representa la necesidad de un gran ingenio, del cual el dibujante siempre hizo gala. Los que en el tanteo inicial habían sido bautizados como Mr. Cloro y Mr. Yesca, agencia detectivesca; Lentejo y Fideíno, agentes finos; u Ocarino y Pernales, agentes especiales; quedando finalmente registrados en el “libro de familia” de Bruguera con su nombre definitivo de Mortadelo y Filemón; rodeados de otros personajes no menos cómicos como el Superintendente Vicente, el jefe de la T.I.A.; el profesor Bacterio; o la señorita Ofelia; han sabido arrancar las carcajadas de jóvenes (y no tan jóvenes, reconozco mi pecado) de distintas generaciones de hispanohablantes. Se han publicado sus aventuras en una docena de países y han sido los protagonistas en una cifra de alrededor de 200 álbumes, siendo objeto actualmente de continuas reediciones a cargo de otras editoriales –por la disolución de la Editorial Bruguera en el año 1986- que le ponen los dientes largos a los coleccionistas de cómics clásicos. Da la sensación que la forma de mortadela que da nombre al miope personaje y el filete de los tiempos de las cartillas de racionamiento (Filemón), quedarán grabados en la impronta de nuestras vidas como la inspiración de los nombres de aquellos genuinos, carismáticos e hilarantes hijos del simpar Francisco Ibáñez, un verdadero maestro en su oficio, y que nos arrancaron la sonrisa en algunos de nuestros mejores momentos vitales. ¿Qué sería de nosotros sin la sonrisa o la carcajada?. Pues no seríamos nada.

En la imagen superior reproduzco una tira cómica de la aventura señera dentro de la producción de Ibáñez, a mi corto entender, “El sulfato atómico”. En la imagen inferior otra tira de otra de sus mejores historietas, “Contra el gang del Chicharrón”.